domingo, 17 de marzo de 2019

TAL VEZ PUEDE SER ACASO QUIZÁS


Tal vez puede ser acaso quizás
     
Como brotes de escombro
estos días ajados y lentos
con la grieta perfilada
en el interior que reposa
dormido y a la espera
de la demolición definitiva.

Quién sabe, quién puede saber
si es necesario y preciso
formular un desafío certero
que desate la soga del letargo
que tuerza la intención inmóvil
por un instante, un solo instante.

A veces basta el hormigueo
el pulso del latido simple
para crear un movimiento iluso
dilatar la idea o reflejarla
que parezca que todo se mueve
y sigue fluyendo, incesantemente.

Pero no es así, de ningún modo
no me pertenece lo gris, lo polvoriento
la rama del árbol ya se abre paso
entre el verde rocío que se asienta
sobre los huesos esquilmados
que llevan impreso su designio.

******

Ahora que tengo una razón aparente
que discurro y tiemblo
como un ser posible
bajo los efectos de la tarde
crisálida de sombra
doy suelta a este hombre
y a sus perturbaciones.

Quemado por la llama y la llamada
sobrecogido y torpe
ante el horizonte oscuro
recuerdo que fui un animal
sin la vibración escorada
inevitablemente
hacia el pensamiento.

Con los brazos rotos
me abalanzo en la noche
sobre la cosecha tierna
devoro los frutos
con las vainas
por nostalgia
de una forma definida.

Soy materia de dos mundos
tal vez puede ser acaso quizás
mi pecho reventado
no muestra el vacío
la luna redime mis manos
para el tacto de la tierra
mi boca grita un eco sin origen.

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Todo debe materializarse
hay que ajustar el aliento
a la gramática de la vida

sustentar las carreteras
con verbos irregulares
levantar a los pájaros
con metáforas de plomo

ser, decididamente,
la imposibilidad manifiesta
de un entendimiento
razonable

porque la razón es la cadena
la razón es el peligro.

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Foto: Paula Arranz

domingo, 4 de noviembre de 2018

LA CERTEZA DE TUS MANOS en ESPACIO LUKE Nº 185



La certeza de tus manos

    
La certeza de tus manos
la verdad de tus caricias

las capas de mi piel
la carne desvelada

los huesos esqueletos
el tuétano eléctrico

la noche repleta
de aromas y sudores

la madrugada del día
la despedida y la espera

las horas, las horas
la mañana incuestionable

tu regreso exacto
la línea de tu cuerpo

la precisión de tus labios
los besos, tus besos.

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Sea
la posibilidad sola
sin acto alguno
que el ansia devore
de inquietud
este momento
que la vida quede
en el mínimo respirar
los ojos al ralentí del sol
alargando las sombras
lentas y constantes
para que todo se aleje
en el fluir inevitable
y entregarme
a la oscuridad
tan deseada.

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La sombra de este árbol
es testigo de lo fugaz
y sostiene el recuerdo.

En este mismo lugar
antes de que el asfalto
sepultara sus raíces
compartieron mis pasos
su tierra negra.

Seguimos
con el alma por fuera
dando fe
de la intemperie.

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Toda la vida esperándome
pero no llego
o quizá lo haga
demasiado tarde

no sé dónde estoy
dónde me he perdido
si esto es un lugar
o solo son palabras

ya no me despierto yo
ni los despertadores
me despierta y me levanta
el pensamiento

por si es cierto
como dicen
que la poesía es
anterior a la verdad


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Foto: Paula Arranz
Enlace: http://www.espacioluke.com/2018/Septiembre2018/taboada.php

lunes, 2 de julio de 2018

DÓNDE EL ASIDERO en ESPACIO LUKE Nº 184



Dónde el asidero

    
    Ahora que ya no hay nadie
y me he quedado sin mí
sin eco ni distancia
qué puedo tocar
en esta tierra seca y estéril.

Este profundo evoca
en su dureza
aquella promesa de fractura
la implosión de lo roto
las voces embalsamadas
el silencio incandescente
la raíz que hace garganta
para el grito.

Regresa a la infancia y a la creencia
a la materia magnética
al barro blando que no busca
la forma, pero mancha la ropa
antes del trastorno
del pensar incesante.

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De natural soy desnudo
boca de dientes
manos de hueso
y todo este tacto
que me cubre
como una capa.

El catálogo de miedos
del que he sido prevenido
desde que soy memoria
es mi único testigo.

Pero ya no tiemblo como entonces
ajeno a los estremecimientos
como si la lejanía
me hubiera vuelto interno
inmune a las temporalidades

solo vago por mi pensamiento
en busca de sustitutos
de la carne añorada.

*******

Como el tiempo me pasó de largo
permanezco aquí
exiliado del trascurso
ante la luz fascinada
que me observa
mientras me marchito
sin clemencia.

Vivo balizando las heridas
delimitando el contorno del dolor.

Quizás fue un error entrar aquí
con exceso de cuerpo
el recuerdo de la carne
pesa demasiado
y lastra mis pasos.

Pero no se llega aquí despojado
sin hábito no hay mirada
los ojos saben abrir
la escasez, la grieta y la fisura.

Las ideas tantean
el aire lacerado.

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Esta fragilidad consumada
el quebrarse por todo
el vivir recompuesto
a fragmentos pegados
en un sujeto roto.

El modo sucinto
de un caminar astillado
la manera torpe de sangrar
a cada paso urgente
camino de la cura.
 
Este deambular
de la cuchara sobre la sopa.

*******

Dónde el asidero.

Una localización exacta
del instante
que renueva la duda.

La carne que se resiste
a ser deshabitada.

Un desierto en formación
de escombro.

Recuerdos
como cantos rodados
sonando a lo lejos.

No hay reloj de horas
ni de minutos.

La sonrisa amable
en incógnita permanente.

Dónde el asidero.

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Foto: Paula Arranz

domingo, 6 de mayo de 2018

HABLAMOS ESQUIZOFRENÉS en ESPACIO LUKE Nº183


Hablamos esquizofrenés

   Hablamos esquizofrenés
a la caída de la tarde
con Lewis y con Carroll
y el innombrable Samuel.

Los deseos de la jornada
como conejos copulantes
en un ramillete de cabezas
de flores decapitadas
espejos disolutos
mandarinas de la suerte.
Singulares.

Nadie nos va a especular mañana
nadie vino hoy a incluirnos
ni a dejarnos de lado.
Tampoco el perro
que perdió su pelota
en un agujero negro.

Hemos sido libres un solo instante
cuando yacíamos amordazados
despiertos y vibrantes
golpeados por el látigo
cuestionados
por la lógica impecable.

Quedan pendientes
las preguntas agotadas
el sentido difuso
mientras la materia responde
responde
pero no resuelve nada.

La tinta todo lo comprende
el deslizamiento
es el laberinto
y la cena
oh, la cena,
con todos esos huevos fritos.

Hablamos esquizofrenés
hasta que el sueño abatido
nos deja insomnes
mientras escuchamos a los gatos
follando entre la maleza
como si no hubiera
un mañana.

******

Agudo
como ese sentimiento
incierto
que te atraviesa
en la noche larga.

Han tirado un hombre borracho
en el contenedor:
¡Mira el agujero
hazle un bombo
compra lapiceros!

Intermitentemente
desde la cuatro y diez
hasta las cuatro y cuarenta y uno.

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Certezas como lápidas
sembradas al azar
acordes con los hundimientos
huellas de muñón en el lodo
rastro de muletas.

Son solo palabras estancadas
con brillo de agua de hierro
pudriéndose para los mosquitos.

Eso es lo humano
la contención
el pensamiento embridado
el animal satisfecho
que huye de la locura
con una sintaxis
implacable.

******

Lejos de la metafísica epiléptica
del arrebato del vacío y del abismo
calmado el nervio del ser
sin otra existencia que la palabra
moldeada y uniforme, registrada
en la Cámara de Comercio
quedan estas esquirlas
de instantes vulnerables.

Alcanzo al fin la duda
por un débil filamento
la tensión tira de mi mano
vibramos juntos
exultantes, superlativos
luego el temblor
restituye al origen
al polvo hueso
que se instaura como niebla
para perderme en mí
para inventar un extravío.

******

Salvando la distancia de cordura
que me separa del tedio mecánico
sobrevuelo esta tierra gusana
hasta la raíz de todos los espejos.

Parapeto de miseria el lenguaje
contra sus formulaciones
imposible asidero
para la lógica
del vuelo.

Sacrifico este instante
y perdura la letra.
Así sea.


Foto: Paula Arranz

miércoles, 14 de marzo de 2018

RESEÑA de AUTORRETRATOS de KEPA MURUA en el diario argentino EL CORREDOR MEDITERRÁNEO



AUTORRETRATOS de Kepa Murua

            Autorretratos, el nuevo poemario de Kepa Murua, magníficamente ilustrado por Ángel López de Luzuriaga, contiene un conjunto de versos cultivados con la paciencia que el tiempo solo otorga a un pensamiento bien sedimentado. Corresponde a treinta años de vida intensa (1987-2017) y recopila palabras sencillas con la textura de una piel, una piel cotidiana, casi doméstica, próxima a la ternura y la rabia de un poeta que se cuestiona a cada paso su condición. Si todo autorretrato para ser veraz ha de ser impúdico, ya que un poeta con pudor es un farsante, en estos 65 frescos con sabor a vuelapluma encontramos el esqueleto de un autor que se ha ido desgarrando hasta alcanzar al fin un grado de humanidad que impresiona por su cercanía. Casi podemos tocarlo, fluye junto a nosotros, es uno más en la procelosa vida que compartimos. Lejos ya del experimentalismo de sus primeros libros de poemas, Kepa Murua se nos muestra aquí desenmascarado y libre por la palabra, esa compañera de viaje que siempre ha permanecido a su lado y que habla de él, aunque él crea que habla de sí mismo, en esa pelea tenaz donde espejo y reflejo se funden, son una misma cosa. Modestia y vanidad, terquedad y desazón, resistencia y fractura, la vida misma, que lo fue delatando y dejó a su paso estas instantáneas en las que no pudo disimular ni esconderse. Pura intimidad, alma sin filtro, despojamiento. Poesía neta, sin artificio.

            A lo largo de este poemario podemos seguir en orden cronológico la trayectoria visceral de Kepa Murua desde que comprendió que dedicarse a la literatura era  inevitable. Desde la caída del muro de Berlín: tras los pasos de una Europa/ que no sabe cómo crece/ ni en qué se convertirá, justo en el momento en que la poesía se cernía sobre él: Pero yo pasé mucho frío/ y mucha hambre/ en el centro de un mapa/ que podía ser el de mi cerebro, hasta la actualidad, donde el poeta consagrado repasa su obra, indistinguible de su vida: Sin saber dibujar, puse mi nombre debajo./ Sin muchos colores en la paleta, viví intensamente/ el amor que se descubre solo o acompañado. Un camino largo para un hombre cosmopolita que no ha dejado de buscar, de indagar en sí mismo y en su obra: Me iba conociendo/ con las palabras/ y estas me iban reconociendo a mí/ entre mil garabatos. Casi una treintena de libros, entre poemarios, ensayos, novelas, colaboraciones artísticas con otros autores, y además la dirección de la editorial Bassarai y la revista digital Luke. Un escritor infatigable que ya en 1995 vislumbraba este libro: Quiero que mi retrato sea nítido/ en el polvo trasparente de la vida/ como el fondo cristalino del agua.

            No cabe duda de que Autorretratos es un libro tan carnal y sanguíneo como su autor. Un regalo que nos ofrece para que nada quede oculto, para que todo sea desvelado. Esa confidencia que se hace a altas horas de la noche con una copa de menos o una copa de más y que un lector atento sabe agradecer. El testimonio noble, como diría St.Vincent Millay, de un poeta que le sigue dando fuego por ambos lados a la vela de las palabras para sorprendernos con el brillo deslumbrante de la existencia humana.

                                                                                                     Francisco Taboada

AUTORRETRATOS
Kepa Murua
Ilustrador: Ángel López de Luzuriaga
El Desvelo Ediciones (2018)