lunes, 2 de octubre de 2017

COREOGRAFÍA POLÍTICA en ELDIARIO.ES Cantabria




Coreografía política


El cuerpo humano, por muy contorsionista que sea, tiene los movimientos limitados por su anatomía y España por la resistencia de sus materiales. Este es un país frágil, de acero mal forjado, como esas espadas lustrosas que sirven para decorar pero se quiebran en el combate. La democracia débil que nos sirve de esqueleto es latina y está aquejada de la osteoporosis procedente de su naturaleza dictatorial. Basta un solo golpe para que la armadura se rompa y el  cuerpo se fragmente y sangre y muera.

La derecha de la nación y la derecha nacionalista nunca han soltado las riendas, tienen el pastel muy bien repartido y se pasan la pelota como elemento de despiste que ya no despista a nadie, aunque da juego, que es de lo que se trata. Mientras la población ya no da más de sí, nuestros gobernantes van a seguir haciendo evoluciones alrededor del mismo escenario y sin salirse de él. Que si España se rompe que si se pega con cola, y el país, en su vida diaria, ya está roto en mil pedazos. El tema del referéndum más que una cortina de humo es un incendio en toda regla. ¿En serio cree alguien que a los millones de parados les importa en qué país pasan hambre y en qué lengua se quejan?

Es un hecho que nos han robado 40.000 millones en el rescate bancario y que el 20% de los bancos son catalanes con sucursales en toda España. ¿Acaso han mencionado los que quieren independizarse la posibilidad de distanciarse de la corrupción devolviéndonos ellos la parte que les corresponde? No, para nada, que la pela no se toca. Hasta mi perro sabe que todo esto es una coreografía ensayada al milímetro para que si uno estira la pierna hacia un lado el otro lo haga para el lado contrario y así la imagen de conjunto queda muy mona, muy equilibrada. Mientras tanto, se va desmontando la sanidad pública de modo que la salud sea un privilegio de los ricos, la educación pública se deteriora hasta convertir a la gente en analfabeta funcional y se recorta la libertad de expresión asustando a las personas para que obedezcan como animales acorralados. Bravo: si Cataluña se independiza no podrá participar en Eurovisión.

Pero cuidado, que la policía no es tonta y todos llevamos un madero en el interior.  Las pruebas son las pruebas y para pillar al delincuente solo hay que seguir el rastro del dinero. Dicen las malas lenguas que al gobierno de Rajoy lo sostienen los nacionalistas vascos a cambio de pasta gansa, miles de millones. Dicen también que los socialistas se montaron un teatro magistral para volver a la palestra y si un día afirman que España es plurinacional al día siguiente no están en contra de aplicar el artículo 155, si no queda más remedio, todo con tal de no perder la primera línea del abrevadero de la guita.  Dicen que Unidos Podemos trabaja con denuedo para asegurar su continuidad haciendo propuestas que molan cantidad, diálogo y eso, buen rollito en una asamblea guay que solo añade leña al fuego. En fin, que la calle habla y sabe que si les quitas la máscara todos acaban cantando.

¿Si la cosa es tan grave, por qué sonríen por lo bajo Rajoy y Puigdemont, qué tienen que ocultar? La experiencia nos dice que si metes en una sala de interrogatorios a una persona culpable y a una inocente, y las dejas a solas durante horas, la inocente se ira poniendo cada vez más nerviosa mientras que la culpable puede que acabe echándose un sueñecito. La inocente cree que, a pesar de su rectitud, dada la complejidad de la ley, puede haber cometido un delito sin saberlo, de ahí su nerviosismo, mientras que la culpable, sabedora de su delito, y probablemente tan conocedora de la ley como quienes la aplican, estará cada vez menos preocupada porque el paso del tiempo implica dificultades para encontrar pruebas que demuestren su delito. Por eso, el 1 de octubre, pase lo que pase, los dos seguirán sonriendo. Van a ganar votos y podrán esconder su mala gestión de gobierno con la complicidad de sus votantes. Lo único que les importa es que siga el espectáculo.

Hay pocas ideas más turbias que Patria, País y Nación y pocos disfraces más tristes que los tejidos con la tela de una bandera, escudo de miserables, capa multicolor del fantasma paleto. Las ideas valiosas no tienen tantos seguidores. Poco importa España Uno, Cataluña Cero o viceversa. Una región pobre nunca amenaza con abandonar el país y si disipamos la niebla lo único que se ve es dinero en ambas partes. Eso sí, los majaderos de siempre hablan de violencia en el horizonte, como buitres necesitados de cadáveres que justifiquen sus razonamientos baratos. Por eso el Gobierno Español se ciñe a su papel y esgrime el fasces de hacha y varas, y el Govern la hoz del segador. Cada uno intimida a los suyos y a los del otro bando. El caso es amenazar. Que la gente tenga miedo, que tiemble ante el futuro incierto, que se divida en grupos, que calle y otorgue, que el lunes vaya a trabajar por un salario de esclavo. Y sobre todo que no piense. Porque el día en que España piense cambiará la Constitución. Hasta entonces, no hay nada que hacer.



viernes, 22 de septiembre de 2017

EN LA COLINA DE LA ESPERANZA en PHOTOWRITING de Paula Arbide



En la colina de la esperanza

¡Hey, Abuela, una foto, que estás muy guapa!
Se pasó todo el verano diciendo Hey y cantando aquella canción de ‘4 non blondes’. La letra se le había incrustado en la cabeza, hablaba del fin de la hermandad de los hombres, de la llegada del siglo de las mujeres, la revolución femenina. Era su primer año en Nueva York, nos trajo tantos regalos que la maleta reventaba. Mi madre nunca quiso quitarse el gorro playero de su nieta, y eso que no le dijimos nada, se murió sin saberlo.
Han pasado veinticinco años, como en What’s up, y a nosotros no nos queda ni destino ni esperanza. Yo también lloro cuando me tumbo en la cama, cuando me levanto de la cama, intentando sacar todo ese dolor de mi cabeza. Al principio gritaba, si estaba sola, pero sonreía ante mi madre y le decía: “Sí, ha llamado, cuando estabas en la compra, y ha preguntado por ti, te manda muchos besos.”
Mi marido lo intenta, dice que lo intenta, nunca ha pasado de ahí, de intentarlo. Quería contárselo a mi madre, pero era incapaz de admitirlo él mismo. ‘Desaparecida’ es un término ambiguo, hasta que pasan los años y no aparece. “¡Me gustaría tanto oír su voz!”, dijo mi madre horas antes de morir. Le prometí que la llamaría. “¿No ha llamado todavía?” “No mamá, no contesta, le he dejado un mensaje. Estará dando una vuelta”.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

DISCURSOS PARALELOS en ELDIARIO.ES Cantabria



Discursos paralelos


Quedo para cenar con un viejo revolucionario cargado de anécdotas y entre otras me cuenta su panfletada más gloriosa. Sucedió un día en que sus colegas de partido lo dejaron solo con una mochila llena de octavillas que había que aventar con urgencia. El método clásico consistía en arrojarlas al aire en diferentes lugares de la ciudad, cuantos más mejor. Lo normal era coger un autobús de línea, bajarse en una plaza pública, esperar la llegada de otro autobús que fuera en la dirección contraria y cuando llegaba, justo antes de subirse, lanzar los panfletos y desaparecer de escena. No había móviles, pero cualquier pasajero o el mismo conductor podían avisar por señas a la policía si se cruzaban con ellos, luego era necesario bajar en la siguiente parada, desplazarse a pie hasta otra ruta y vuelta a empezar. Funcionaba bien si lo hacía un grupo numeroso de militantes, en un espacio de breve de tiempo, pero un hombre solo se arriesgaba demasiado y probablemente sería detenido y encarcelado. Era un tema serio.

Con la ayuda de un miembro del partido que trabajaba en la estación central de los autobuses, el hombre se coló de madrugada en las cocheras y colocó sobre el techo de toda la flota pequeños paquetes de octavillas previamente humedecidas. A la mañana siguiente, según circulaban los autobuses, los panfletos de se iban secando al viento y en cosa de horas toda la ciudad estaba sembrada de consignas revolucionarias. “Casi cinco mil octavillas”, me dice con orgullo, “cuando cinco mil era un número importante”. Inevitablemente, hablamos del poder de la información, de la capacidad de difusión actual de las ideas gracias a Internet. Supongo que le alegra su existencia pero me dice, con el cinismo propio de Oscar Wilde: “Cuando los dioses quieren castigarnos, atienden nuestras plegarias.” Y añade que nunca se había inventado nada tan contra-revolucionario como Internet.

Según su teoría, Internet se parece a una asamblea general multitudinaria que, precisamente por su tamaño, resulta ineficaz. Demasiada gente hablando a la vez y cada cual empeñado en defender solo su punto de vista. No hay verdadero diálogo por culpa de la inmediatez de respuesta. Hasta el discurso mejor elaborado y certero se ve expuesto a la demolición por parte de un conjunto excesivo de personas que lo utilizan como disculpa para elaborar un discurso paralelo, el suyo, de manera que el mensaje original queda anulado en cuestión de minutos:

 “¿No te has fijado que cuanto más impecable es un análisis político de la situación actual, aumenta exponencialmente el número de ataques hasta lograr que se dude de su bondad o su validez? Si aciertas de pleno, el primer comentario será: ‘Tú no sabes lo que es el fascismo’, o bien: ‘No he pasado del primer párrafo porque aburres a las ovejas.’  Eso sin mencionar los insultos y los ataques personales. Y como se te ocurra opinar, sobre todo si es a favor, del feminismo, de la homosexualidad o de Cataluña, sin ser mujer, o gay o catalán, te caerá encima una horda de gente con lupa, escrutando, falseando, si es preciso mintiendo; y si has dicho España eres españolista por no decir ‘estado invasor español’, si has dicho LGTB serás un ‘Cishetero’ por no decir LGTBIQ, que no te enteras, o te tacharán de machista porque crees que hay que racionalizar la ‘discriminación positiva’. En el fondo da igual lo que digas, solo importa que seas atacable. Si lo eres te demuelen, si no, te ignoran. Tu valor depende de la posibilidad de crear a tu costa discursos paralelos. Y lo hace la gente a la que apoyas, los de tu bando, con más fiereza que si fueras del bando contrario, joder.”

El viejo revolucionario se cabrea y entonces hablamos de censura, de autocensura, de posverdad, de la ley mordaza, de lo sospechoso que le parece que se haya permitido la expansión descontrolada de Internet, de la destrucción de una herramienta global de información que podía haber sido positiva por la inexistencia de un código deontológico básico, de que importe más enseñar un teta que vender un tanque, del hecho irrefutable de que Internet nos esté convirtiendo en más machistas, más fascistas, más xenófobos, más incultos y menos educados. “No sabemos lo que somos, ni qué significa ser, pero sí que somos en el tiempo, ya lo decía Heidegger, así que ha sido tan simple como poner en nuestras manos un acelerador del tiempo para acabar con nosotros. Quemamos las ideas antes de afianzarlas. La prisa no nos deja reflexionar. Le estamos haciendo al pensamiento lo mismo que las centrales nucleares al medio ambiente.”

Es lo que pasa con los viejos revolucionarios, que tienen perspectiva. Les han tumbado tantas veces sus ideas, sus iniciativas, que hablar con ellos deja un cierto regusto amargo. Por eso me comenta que está pensando en descontaminarse, abandonar las redes sociales en las que es tan activo, cerrar su blog y no volver a hablar de nada en absoluto. “No lo hagas, o la asociación metafísica española te echará la bronca por mezclar nada y absoluto en una misma frase.” Reímos por no llorar y para que se anime le paso el móvil con un artículo de Jamie Bartlett  donde habla del auge de la extrema derecha en Internet. Lo lee con calma y luego asiente y enseña las garras. Es un gato callejero, aunque parezca agotado jamás se rinde.

lunes, 4 de septiembre de 2017

LOS HÉROES LGTB en ELDIARIO.ES Cantabria



Los héroes LGTB



¿Qué sucedería si en el último capítulo de la 7ª temporada de Juego de Tronos descubrimos que Jon Nieve tiene un novio macizo en Desembarco del Rey? Que se perderían de golpe 10 millones de espectadores. ¿Y si Daenerys de la Tormenta, traumatizada porque la violó salvajemente un criador de caballos, estéril para lo humano pero capaz de fertilizar huevos de dragón, le pide a una hechicera que le desarrolle genitales masculinos con la dureza del acero valyrio y decide perpetrar contra el sexo fuerte una oscura y penetrante venganza? Pues que se perderían 20 millones de espectadores y HBO tendría que clausurar la serie. Por eso, en el penúltimo capítulo, cuando los toscos guerreros bromean diciendo que si no hay mujeres ya se apañarán entre ellos, ‘El Perro’ tranquiliza al burdo salvaje pelirrojo afirmando que está enamorado de una señora y que tendrá con ella los hijos que haga falta. Porque una cosa es que en la serie haya violaciones, incesto y empoderamiento femenino y otra salirse de la norma heterosexual mayoritaria, salvo en papeles secundarios, para cumplir y nada más. Los grandes protagonistas están excluidos de esa posibilidad.

La sociedad todavía no está madura para tener héroes LGTB con la suficiente entidad para servir de referente. Para que los niños y las niñas puedan decir en el cole, según sus inclinaciones: “Me gustaría ser como Z-Woman, que tiene una novia muy guapa en Alfa Centauro o como F-Man, que le tira los tejos a Lobezno”. Quizá porque el colectivo LGTB es estadísticamente minoritario, aunque no sabemos si lo sería tanto en un mundo donde no se pongan trabas para que cada cual desarrolle la tendencia sexual que más le apetezca. O todas, o ninguna, que también los asexuales están reivindicando sus derechos (digamos LGBT+). Héroes, en fin, cuyo comportamiento carnal sea admitido, aceptado, reconocido, para ser modelos dignos de poseer seguidores propios no estigmatizados.

Algo de esto había en la serie de Netflix Sense8. Serie malograda que según las últimas noticias no seguirá adelante y sólo se le concede un único episodio doble, en 2018, para no dejar colgados a los espectadores y cerrar las diferentes tramas apresuradamente. No es nada excepcional, muchas series se cancelan por su falta de rentabilidad, pero lo grave del asunto es que Sense8 estaba a cargo de las hermanas Wachowski, que antes fueron los hermanos Wachowski, directores de la trilogía de Matrix, y que gracias a su cambio de sexo se han convertido en todo un icono transexual y por lo tanto LGTB. Héroes civiles con capacidad demostrada para crear héroes de ficción que, sin embargo, en esta ocasión han fallado estrepitosamente. Una verdadera lástima.

Y es que Sense8 lo tenía todo. Una buena idea inicial: Ocho personas de diferentes culturas y lugares del mundo están conectadas telepáticamente y pueden actuar juntas para mejorar la realidad. El punto de partida es el día del Orgullo Gay, y entre los personajes hay todo un abanico de tendencias sexuales: una trans con relaciones lésbicas, dos heteros super-enamorados, dos gais emotivos y cachondos, dos amantes conflictivos con infidelidad de por medio, un jovencito inexperto con una mujer resabiada, una dominatriz karateca a punto de liarse con el poli que la persigue… Tenía que funcionar. La primera temporada estaba cargada de defectos pero el desafío merecía la pena. Además contaba con el español Miguel Ángel Silvestre en una soberbia interpretación con vis cómica que parodiaba precisamente a Matrix. Incluso tenía el beneplácito de las revistas del corazón ya que la actriz principal Jamie Clayton, en un papel trans, es transexual en la vida real y tuvo un romance con Keanu Reeves. Qué más se puede pedir para la normalización.   

Las hermanas Wachowski se pueden lavar la manos y echar la culpa de todo a Netflix, pero lo cierto es que dilapidaron un presupuesto de lujo, casi 9 millones de dólares cada episodio, por ser demasiado pretenciosas y confiar en que sólo con su nombre ya tenían garantizada una serie a perpetuidad. Les faltó solidez de guión, imaginación, perspectiva, y la segunda temporada es aburrida, casi una orgía permanente que no conduce a ninguna parte. Todo un alarde de irresponsabilidad, teniendo en cuenta que el colectivo LGTB estaba pendiente de ellas. A última hora, la web porno xHamster se ha ofrecido a financiar la siguiente temporada, aduciendo que están a favor de la libertad sexual y la sexualidad no-normativa, ya imaginamos con que objetivo. Si las Wachowski aceptan sería como volver a la marginalidad, aunque la audiencia sea enorme, algo que nadie podría perdonarles.

En estos tiempos de crisis, que ya amenaza con ser permanente, las religiones y otras fuerzas reaccionarias extienden con facilidad su mensaje involucionista ofreciendo a las personas una protección y amparo que les permite controlarlas, de modo que el progreso social retrocede hacia posiciones anteriores y se pierde lo ganado convirtiendo en simples experimentos lo que son necesidades humanas: las mujeres de Afganistán volvieron de la libertad al burka y los homosexuales podrían ser obligados a regresar al armario. Por eso es necesario no perder ni una oportunidad de afianzamiento, para solidificar lo conseguido y evitar una vuelta atrás. El futuro siempre llega tarde, o no con la celeridad deseada, y dormirse en los laureles es peligroso. Sense8 podría haber sido una serie de referencia, un hito, ahora solo es un ejemplo de cómo no se deben hacer las cosas. Qué pena. 

jueves, 31 de agosto de 2017

OSCURIDADES en ESPACIO LUKE



Oscuridades

                                                                      La vida es una precaución necesaria
                                                                      …
                                                                     La desnudez es anterior al cuerpo
                                                                     Y el cuerpo algunas veces lo recuerda.

                                                                     Roberto Juarroz-Tercera poesía vertical




Salgo al exterior
a decir que estoy vivo
como un náufrago
que arroja al mar una botella
sujeta con una cuerda.

Hay cuerpos humanos
que mueven brazos
piernas y cabezas.
Escondo el reloj
y pregunto la hora
no sé si es muy temprano
o demasiado tarde.

Camino agitado
como si fuera a cualquier parte
pero me canso pronto
de este andar sin sentido.
El plano callejero me consuela:
Usted Está Aquí.

Regreso corriendo
a mi casa, al interior
a la palabra dada
sin permitir que la vida
me distraiga
ni un solo instante más.


***


Busco sobre la barra imaginada
el vaso rojo que contiene la verdad
licuada y vaporosa
cegadora.

Pero mis labios no tocarán
ese borde, no
saciaré mi sed
con tanta distancia.

No beberé
esa marea de sangre.
El alcohol no cauteriza
las heridas.

Pensaré en el firmamento
de renuncia que me espera.


***


No me repongo
de estar vivo

no lo supero
me desborda

¿cómo es posible
todo esto?

los ojos dentro
de los ojos

la mirada oscura
procreando.


***


Mi vida es una secuela
la segunda parte
y además mala
de eso que palpitaba

constantemente

y una vez llamé
para disimular
mi propio corazón.


***


Fórmulas y plegarías
como si con ser
no fuera
suficiente.

Estar atento a la voz
temprano
a primera hora
antes de la luz.

Hacer un gesto
mínimo
de reconocimiento.



***


Los ruidos oscuros
las semejanzas
la piel abierta al miedo
la conciencia de una espalda
que puede ser atacada y sorprendida
la debilidad
la falta de respuesta
el golpe, el dolor,
la herida, la sangre

arrastrar la lanza
arar con ella la tierra.


***


Sí,
procura,
templa la búsqueda,
arría el pensar
sumerge
las manos en su pecho
dile que acabas
de descubrir entre sus pecas
una nueva
constelación
y que debes darle nombre.

Después del instinto
llega la calma.


***

martes, 22 de agosto de 2017

ARENA EN LOS OJOS en ELDIARIO.ES Cantabria



Arena en los ojos


Estoy tumbado en la playa leyendo las noticias en el móvil y unos chiquillos que pasan corriendo me tiran arena a la cara. Me entra en los ojos, dejo caer el móvil y mientras me incorporo siento la certeza de que siempre ha sido así. Siempre ha sido así, aunque no se sabía, o se sabía ocultar mejor, o no existía internet para difundirlo y también ocultarlo, o emborronarlo hasta sembrar la duda de si realmente ha ocurrido, pero no importa porque la información se devora y se deglute y sin tiempo para digerirla ya se desecha. Pero siempre ha sido así. Estoy seguro.

Quizá sea porque la noticia que estaba leyendo cuando me han tirado arena a la cara habla de la salida de la cárcel de Ángel María Villar, el siguiente de la lista, con sus 30 años de reinado a su aire en el mundo del fútbol, pero sospecho que los más listos, los que mejor robaron y mangonearon, esos no han sido descubiertos. Solo han pillado a los menos diligentes, a los chapuceros y los soberbios, pero no a los señores, a los que piden la tapita en el club marítimo e incluso son amables con el camarero, a los del traje impecable y prudencia a prueba de la menor indagación.

No consigo ver nada, intento pestañear pero la cosa empeora y una voz compasiva de mujer mayor me dice que incline la cabeza, que ella me irá echando chorritos de agua hasta que se me quite la arena. Pero no se me quita, es demasiada, y lo peor es que se acrecienta la sospecha de que da lo mismo un partido con el árbitro comprado que un partido político, el que sea, porque todos están en el ajo, siempre han estado en el ajo, todos lo sabían y por interés callaban y siguen callando. Puede que también hubiera amenazas, puede que algunos murieran por resbalón de cáscara de plátano, por oportuno infarto o recurrente vejez y pérdida de memoria, pero los demás estaban al tanto y no lo denunciaron. España es un país corrupto por naturaleza.

Poco a poco el agua me va limpiando los ojos, y por eso tengo el convencimiento de que todos ellos sabían, no podían no saber, aunque quizás tampoco sabían cómo impedirlo. Creo que cada uno de ellos, al llegar a la empresa, multinacional, ayuntamiento, gobierno regional o central, congregación religiosa, a cualquier centro de poder, fueron obligados a firmar el acta de secretos oficiales, el acta de secretos pederastas, el acta de chanchullos al por mayor, el pacto con el diablo, y que lo avalaron con su vida y la de su familia, y que perderían a su cónyuge y a sus hijos, a su grupo social, a sus amigos, y los más de izquierdas a su barrio obrero al completo. Que los repudiaría todo el mundo si abrían la boca.

Al fin consigo ver algo, y la señora me dice que no se me ocurra frotarme los ojos, que podría hacerme llagas o quién sabe qué tipo de herida de consecuencias irreversibles. Le hago caso, pero me escuece mucho, y mis sospechas llegan hasta la dictadura de Franco, pero sin entrar en ella por razones obvias, que por algo era una dictadura y todo estaba permitido para los listos que lo tenían todo permitido. Casi peor fue la Transición, quién sabe cuántos y cuánto hubo que esconder entonces, cuánto hubo que permitir para sujetar a los viejos perros y permitir la llegada de los nuevos, si es que cambiaron, o solo se ocultaron los de siempre bajo nuevas capas de ocultación y olvido programado y, más tarde, ya en la democracia de facto, cuando todo parecía legal y limpio pero estaba sujeto al antes y pendiente de perpetuar su maldad en el después… Joder, cómo pica, y Felipe en el yate con su puro y sus acciones y sus valores invertidos en Bolsa y el Gal, que recordaba a una marca de champú.

“Gracias, señora, es usted muy amable… Menudos gamberros…” ¿Desde cuándo todo esto que ahora se descubre y se va descubriendo y todavía se va a descubrir? ¿Desde cuándo esta impunidad descarada? “Bueno, hombre, no se lo tome así, sólo son unos niños, estaban jugando.” ¿Desde cuándo estos jueces que se suman a la risa infame y prepotente con la risa seria del que sabe y sabe todo lo que hay que saber? “Usted lo que necesita es un poco de colirio, le vendría bien acercarse hasta una farmacia.” ¿Cómo es posible que yo sepa y todos sepamos y ellos insistan en que no hay nada que saber? ¿Cómo es posible que no seamos capaces de impedirlo o al menos mitigarlo, y que sea una excepción y no la regla? “Gracias, señora, le haré caso, ha sido usted… debería traerle una botella de agua.” “Deje, hombre, deje… vaya a la farmacia.”

Recojo la toalla y las chanclas y voy camino de la farmacia, al otro lado del paseo. Antes de salir de la playa me detengo en el chiringuito y pido un vermut para relajarme. El camarero me pone tres hielos y un chorrito ridículo, y encima me cobra cuatro euros. ¡Pero qué pasa! Le pago, no digo nada, estoy asqueado, y como sé que el vermut no se crea ni se destruye, solo se transforma, busco en la barra un culpable. Hay dos tipos con pinta de turistas que se están bebiendo la parte que me corresponde. Malditos turistas. Son una plaga. ¿Por qué no hace algo el gobierno? ¿Qué estarán maquinando esos miserables durante las vacaciones mientras yo despotrico contra ellos y contra los turistas porque tengo arena en los ojos?
                                              

sábado, 5 de agosto de 2017

TURISTAS Y ZOMBIS en ELDIARIO.ES Cantabria


Turistas y zombis


Existen tres tipos de zombis: el clásico, de contenido mágico y origen haitiano; el moderno, más literario y terrorífico; y el posmoderno, muy cinematográfico, vulgar y exagerado. Del mismo modo, dentro de los turistas encontramos el residente, tipo Marco Polo, el viajero, como Paul Bowles, y el turista víctima, o sea, cualquiera de nosotros en la época actual, este mismo verano sin ir más lejos. La analogía entre zombis y turistas es irresistible.

El zombi original era bastante majo. No tenía cuerpo, no mordía a la gente y se le consideraba un espíritu protector capaz de hacer grandes favores a quien lo tenía de su parte. Está emparentado con el concepto de ‘alma dual’ que existía en las culturas africanas y surgió en Haití como recurso psicológico para superar la esclavitud y sus nefastas consecuencias. Un hechicero lo escondía dentro de una vasija y su poseedor gozaba del amparo de un ángel bueno que atraía hacia él todo lo positivo. Se cuenta el caso de una costurera que poseía un zombi que le buscaba clientes y el de unos padres que pusieron un zombi en la punta de la pluma de su hijo estudiante para que mejorara en los exámenes. Su primer reconocimiento público data de 1697, en la novela ‘El zombi de Grand Pérou’ de Pierre-Corneille de Blessebois, que recogía el mito popular extendido por la isla.

El concepto de zombi comenzó a degradarse precisamente por influencia de la literatura. Tanto el Frankenstein de Mary Sheley, con su criatura resucitada por la ciencia, como la cataléptica y enterrada viva Lady Madeline de ‘La caída de la casa Usher’ de Allan Poe y el soñador sin sueños de la ‘La muerte de Halpin Frayser’ de Ambrose Bierce, mezclan la idea del zombi con leyendas judías como la del Golem, un cuerpo sin alma, condicionando así la imaginería popular y sustituyendo al zombi bueno por su versión más terrorífica. Luego vendría el cine para ahondar en la herida y en poco tiempo se pasó del zombi tonto y lento que va de valium, propio de la serie B del siglo pasado, hasta llegar al anfetamínico de las últimas películas, como ‘Guerra mundial Z’, donde es un ser rabioso que devora a todos los habitantes del planeta a ritmo de heavy apocalíptico.

Algo semejante le ha sucedido al turismo, que ha perdido su esencia hasta resultar irreconocible. ¿Quién se acuerda del mensaje de ‘El libro de las maravillas’ de Marco Polo, el comerciante veneciano que viajo a China y regresó fascinado por aquella cultura milenaria y nos la dio a conocer en occidente? ¿Quién lee ya ‘Los siete pilares de la sabiduría’ de T.E. Lawrence, aquel espía británico abducido por los países árabes que hizo que nos enamorásemos del desierto y sin cuya lectura es imposible comprender aún hoy lo que sucede en Oriente Medio? ¿Quién atiende a las lecciones de Paul Bowles en ‘El cielo protector’, donde nos dice que viajar es sumergirse en una experiencia crucial que te cambia la vida? ¿Cuándo y por qué convertimos ese lujo tan deseable de visitar y conocer a otras gentes en ese gesto vulgar, ordinario de recorrer miles de kilómetros para comernos una hamburguesa idéntica a la del McDonald que hay en la esquina pero en las antípodas?

Uno tiene la tentación de simplificar este fenómeno, de ponerse elitista, como suelen hacer los promotores que hablan del ‘turismo de calidad’, culpabilizando de todo al turista mismo o a las corporaciones locales que convierten en horteras sus propios recursos. Parece que todos ansían el regreso de aquellos turistas ricos que se dejaban un dineral en cada visita o de aquellos parajes desconocidos para la mayoría, ese mundo todavía por descubrir. Sería como darle galletas a un zombi o pedirle que no te muerda. Un zombi es un zombi y un turista es un turista, diría Rajoy, y poco podemos hacer para evitarlo. Ambos se han convertido en un objeto de consumo, una fuente de ingresos, un recurso económico, como la política una empresa que si no es corrupta no funciona porque pierde el incentivo, la gracia.

Hay que cambiar de filosofía, aunque la estén marginando en la enseñanza, o precisamente por eso. Este verano, a principios de julio, huyendo de la gente nos fuimos a Pateira de Fermentelos (Portugal), a un lago mágico sugerido por una página web, nada exclusivo. Había poca gente, el personal del hotel era exquisito, con una piscina en el exterior y otra climatizada para la tarde,  con un desayuno opíparo, una tranquilidad envidiable y un precio más que razonable. Nos dimos unos paseos casi solitarios, vimos amanecer a los patos, a las garzas y todo el personal aéreo que puedas imaginar, y dormimos como troncos, felices. Está a un cuarto de hora  en coche de Aveiro, donde los turistas hacen cola para subirse a unas embarcaciones tristes que los llevan a velocidad fueraborda por los canales; a media hora de Coimbra, en cuya universidad han dejado un aula abierta para que los chinos, los alemanes y nosotros nos hagamos una foto sentados en la silla del catedrático; a una hora de Oporto, donde tuve miedo a que la horda de turista con llaves inglesas  se llevara como recuerdo una tuerca del puente de Eiffel y lo tiraran abajo. De la pesadilla zombi a la paz espiritual solo distaban unos minutos de autopista.

Quizá esa sea la clave, viajar para conocer, para comprender, para crecer como persona. Intentar hablar su lengua, perderse en sus calles y pueblos, comer su comida, adquirir sus hábitos durante unos días. Resistirte a que te conviertan en un objeto, a que te recolecten como si fueras una fruta de temporada,  a que te paseen por la ‘ruta del tourist’ igual que a un zombi sin alma. Ser tú, y entonces ellos serán ellos, y ninguno una estadística.

Enlace:http://www.eldiario.es/norte/cantabria/primerapagina/Turistas-zombis_6_670592952.html