domingo, 7 de octubre de 2012

CRITERIOS


Criterios

            Mi hijo no dormía bien. Le pregunté si le preocupaba algo y me contó lo siguiente. Él y esos amigos tan raros que tiene anotaron durante meses los programas de televisión que veían y los sueños que tuvieron en esas fechas. Las conclusiones del estudio, que van a presentar como trabajo escolar, demuestran que después de ver ciertos programas se pueden tener sueños parecidos, y que las personas enganchadas a una misma programación coinciden cada noche en idénticas pesadillas. Han titulado el experimento: la patente de los sueños. El mayor del grupo tiene catorce años.

                                                                               de Silencios que me conciernen

viernes, 5 de octubre de 2012

PANTANO


Pantano


            Mi memoria está en el fondo de un pantano. El día de difuntos alquilo una barca y dejo caer una corona de flores, atada con una piedra, sobre la tumba de mi mujer.

                                                                   de Silencios que me conciernen

domingo, 30 de septiembre de 2012

LAS CREENCIAS TODO LO DERROTAN



LAS CREENCIAS todo lo derrotan,
como los asentamientos.

Inevitablemente inevitable
cumplir el ciclo,
el año, las estaciones,
regresar a este lugar señalado
para dar fe del desastre
apagando sin testigos las velas.

A mi edad fracasar es un logro,
manifiesto derrota, y sin embargo
sigo aquí diciendo, sin tregua,
que sigo aquí diciendo sin tregua lo mismo,
preso de idénticos garabatos,
repetición de un bis,
para interrumpir el silencio
de este desierto
pronunciando al menos
la palabra soledad.

Soledad.
Del verbo SOLO.

                               de Palabras dactilares, pag. 87

sábado, 29 de septiembre de 2012

TOLARETXIPI IN LONDON

           
Publicado el 3 de julio de 2012 por Gozoa Jiménez

            Francia sigue como siempre, nada nuevo. El viaje se nos hizo eterno porque salimos con el tiempo justo y temiendo no llegar a Londres para escuchar a Eli Tolaretxipi. Desde Barakaldo hasta Burdeos nos llevó un tipo oscuro, de la tribu de Hank, y como peaje tuvimos que leerle poemas de su adorado Bukowski y de Karmelo Iribarren. Nos hizo bajar en Burdeos con la disculpa de que se quedaba en la ciudad a beber vino, pero el motivo real fue que mi compañera Itziar Uriarte  (Hueco, editorial Sine Die, 2011) cometió el error de decirle que somos poetas metafísicas. Yo añadí que antes de fin  de año seremos doctoras en Filósofia pura, y su mirada de asco fue una premonición. Se limitó a decir, en plan chulo: La muerte es una pérdida de tiempo. Pero no aclaró si era un verso suyo o de otro. Y la gente que no especifica las citas, no es de fiar.
            En Burdeos, sin embargo, no pudimos ni comernos un bocadillo. Había en la carretera infinidad de poetas, editores y enganchados al verso camino de Londres, y nos cogieron casi al momento. Tuvimos suerte, eran una pareja de evanescentes de Madrid. Escriben juntos, se llaman LooR, con un blog del mismo nombre, y han publicado Poesía sumergible I y II.  Con ellos no fue necesario esconder nuestra filiación, les gustó saber que pertenecemos al colectivo Ascensión Metafísica, por hipocorístico Txoni Metafísica, y que somos feroces argumentadoras en favor del pensamiento puro y duro. Me puse como ejemplo y les leí, con el énfasis congelado que me caracteriza, algunos poemas de mi último libro (No Ni Na, editorial Sine Die, 2012) y me aplaudieron y me silbaron, como debe ser.  También ellos son  forofos de Tolaretxipi, y hasta llegar a París no hicimos otra cosa que diseccionarla. Ellos coincidían, son muy coincidentes, que el motivo que los arrastraba hasta Londres era el principio del poema Dolor:

                        Lo primero que pierdo al caer
                        en el pozo es la sintaxis.

            Todos coincidimos en que es el hit puntero de este verano. Nosotras se lo oímos recitar a ella, in person, en el parque de Doña Casilda Iturrizar, de Bilbao. Llovía con ganas, Eli llevaba una chaquetilla china o japonesa de color dorado y, después de leer ella, dejó de llover. A los madrileños les pareció normal. Eli es prodigiosa. Meteorológica. Sus incondicionales sufrimos esperando que la editorial Trea publique de una vez Edgar. A ver si espabilan. Ser escogida para representar a Spain en la Olimpiadas poéticas de Londres 2012 no es cualquier cosa.
            Del Eurotúnel no voy a decir nada que me agobia.
            Londres sigue como siempre, alguna cosa nueva. En otro post, cuando regresemos a casa, mi compañera Itziar dará cuenta de las incidencias sucedidas en la Pérfida Albión. Sólo adelanto que saludamos y besamos a Eli, que puso su firma en la escayola de mi brazo, que el bobo del presentador era incapaz de decir de corrido Tolaretxipi y que un poeta gaitero escocés le susurró al interior del fuelle unas cosas tan místicas que hubo hasta desmayos. De impresionar.
            Ha sido un deber neuronal asistir este año al Poetry Parnassus. Una gozada.

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Etiquetas: Seguimos, en Londres, colgadas, necesitamos, volver, Barakaldo, sweet home.


                                                                publicado en Espacio Luke nº 140 , junio 2012

jueves, 27 de septiembre de 2012

LUKE: Peligro: Zona natural


    Este mes de septiembre, en la revista Luke nº 142, se publica el relato titulado Peligro: Zona natural, con una estupenda foto de Paula Arranz.
   Peligro: Zona Natural es una historia que reflexiona sobre esa tendencia actual a sacarle fotos a todo, propiciada por  la tecnología digital. La idea surgió en Somo, durante un atardecer precioso y multitunario, con un centenar de expectadores cámara en mano más pendientes de lo  que aparecía en sus pantallitas que de lo que sucedía en la realidad. Tuve la sensación inicial de que se perdían algo, pero luego también me di cuanta de que ganaban otras cosas, modos nuevos de observar la vida. Prescindiendo de moralismos y otras valoraciones, tenía que surgir una fantasía poética. Se puede leer aquí:

http://www.espacioluke.com/2012/Septiembre2012/taboada.html

viernes, 21 de septiembre de 2012

YA NUNCA ME CURARÉ



YA NUNCA me curaré
de haber sido quien soy,
de haber persistido
con impaciencia
y haber sobrevivido.
                       
Cómo me ha demolido la vida,
en qué poco me ha dejado.
Y pensar que
un solo pensamiento correcto
hubiera sido suficiente para.
                       
Hay barras de miel barnizada,
otras oscuras y negras y opacas, sin luz,
también hay taburetes altos e infinitos,
como la lujuria de Larkin,
y tantas palabras prestadas
que ojalá tuviera las mías.

                                       
                                         de Palabras dactilares, pag. 25

domingo, 16 de septiembre de 2012

SALUDOS A RAQUEL Y A LAS NIÑAS


Saludos a Raquel y a las niñas

            La mosca atravesó limpiamente el cristal de la ventana y se alejó volando. El Patillas se quedó con el manotazo en el aire, desconcertado. Luego formó una paloma enganchando los pulgares y aleteó tras el insecto. Pero se detuvo al llegar al vidrio. Al ver su reflejo. Su rostro afilado encima del pájaro de dedos. Se tocó la cara:
            —­ Tú a mí me suenas de algo.          
            La puerta de la consulta se abrió y salió con cara lánguida el Orejas. Le interrogó adelantando las patillas. El Orejas negó con la cabeza, desconsolado; cruzó sin hablar la sala de espera y salió al pasillo. Durante unos instantes pareció indeciso, sin saber qué dirección tomar. Ése es uno de los síntomas del fracaso. Le dio pena verlo, pero no demasiada ya que probablemente él se encontraría en idéntica situación unos minutos más tarde y necesitaba reservar su compasión para sí mismo. Entró en la consulta.
            —Buenos días, DON Esteban —le dijo el médico con los ojos muy abiertos, atento a todas sus reacciones.
            El Patillas asintió con desidia. Tomó asiento e hizo un gesto malhumorado. Todavía recordaba que la semana anterior el médico se había dirigido a él empleando el tuteo y una serie de expresiones relacionadas con la fontanería.
            —Verá, don Esteban, hemos recibido una carta de su esposa, doña Raquel Segura y en ella nos dice que a usted se le dio por desaparecido hace nueve meses. Las fechas coinciden. Hemos enviado una fotografía suya y le ha reconocido.
            El Patillas calculó mentalmente sesenta segundos, el tiempo que adjudicaba al descanso con ambos pies en el suelo, y luego cruzó las piernas. A él le daba la impresión de que se sentía más a gusto con la pierna izquierda sobre la derecha, lo que podía significar que era zurdo o que tenía rasgos de zurdo, algo a tener en cuenta.
             —También le manda recuerdos de sus hijas, Cristina y Sonia.
             —¿Se encuentran bien?
            —¿Por qué lo pregunta?
            —Por educación, supongo.
            —¿Se acuerda usted de sus hijas?
       El médico sonrió entusiasmado. El Patillas se puso en pie.
            —Lo siento, doctor. Ya intentó encajarme a esa familia el mes pasado, antes de enviar la maldita foto. La verdad, yo creo que esa tal Raquel la abandonaron, se siente muy sola y aceptaría cualquier sustituto. Insisto, no la conozco de nada.
            El médico se quedó con la boca abierta, como perdido. Luego revisó la ficha, hizo unas marcas y se enfrentó a su propia desmemoria. Sin despedirse, el Patillas salió del despacho con toda la dignidad del mundo, arrastrando su anonimato. Se sentía algo así como... indefinido, tal vez.
            —¿Qué tal, Patillas —le preguntó el hombre que esperaba en la antesala.
            —Nada, Ojazos. No hubo suerte. Además, acaba de meter la pata conmigo.
            —Pues buena me espera. Tú tienes suerte, por la edad. Como yo soy joven me tiene estereotipado: drogas, violencia callejera, sexo contra las paredes, ya sabes. Y siempre hay un completo desconocido que te echa de menos.
            —Así está el mundo. No somos nadie.
             —Algo que tenemos.
            —Cierto. Te veo sólido. No te dejes asimilar.
            El Ojazos entró en la consulta empujando con energía la puerta. El Patillas cruzó la sala de espera y salió al pasillo. Durante unos instantes pareció indeciso, sin saber qué dirección tomar.