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lunes, 12 de junio de 2023

ENTREVISTA de Álex Oviedo en EL CORREO sobre Entre la multitud y el agua

 




RESEÑA en la revista QUÉ LEER sobre Entre la multitud y el agua

 


COMENTARIO de Miguel Ángel Moreta-Lara sobre ENTRE LA MULTITUD Y EL AGUA

 

"Entre la multitud y el agua".

Francisco Taboada ha vuelto a hacerlo. Hace tres años nos entregó diez relatos soberbios en "Gerónimo de los paracaidistas" (El Desvelo, 2019) y ahora, sin desmejorar esas piezas, pero con idénticas finura y calidad, presenta "Entre la multitud y el agua" (El Desvelo, 2022), cinco muestras singulares de su pericia narrativa.

La escritura de Taboada ilumina, como fogonazos sobre la oscuridad, parcelas de la realidad difícilmente alcanzables a la mirada diurna, anulada por la pegajosa cotidianeidad. El autor consigue darle, como a un calcetín, la vuelta a lo real para mostrar la abrumadora pesadilla que oculta nuestro entorno. No se trata de suscitar -o crear- lo maravilloso en lo real (ese arte de birlibirloque tan usado en las literaturas hispánicas) sino de hacer ver que lo raro, lo increíble es la realidad misma (algo así vino a afirmar en un memorable ensayo el gran Alejo Carpentier o, al menos, así lo recuerda uno).

Taboada entra a saco con unos personajes que tratan de sobrevivir al agobio de una soledad aplastante, de la que no pueden huir. Personajes tiernos como el trío formado por dos adolescentes y su perro, misteriosos como la mujer que regresa a su vida anterior, crueles como la joven pareja que habita en la telerrealidad de un escaparate, duros como la horda de unos cachorros de internado o hilarantes como el matrimonio de filólogo y bióloga. Los espacios cerrados en que se desenvuelven muchas de estas historias son metáforas de la cárcel existencial. El mundo, sin embargo, es ancho y ajeno, “un páramo enorme y deshabitado”, o está “en medio de la vasta inmensidad”. En una andanada contra el mundo virtual, una mujer constata que “la intimidad había muerto, que la imagen había sustituido a la presencia, que cada cual era policía de sí mismo […], como si fuera ilegal ocultarse”. Otro odioso personaje esgrime un casuismo típicamente jesuítico: “Sabiendo que hago el mal, controlo el mal […] Un acto malo no convierte a una persona en mala, solo en imperfecta”. Son algunas voces que utiliza el autor para ajustar cuentas con la intransitable realidad.

El escalpelo del narrador se afila con la retranca y la ironía, a veces el humor, que dosifica sabiamente Taboada. Un ejemplo es el del profesor universitario del último relato que se recluye en un remedo de celda (igual a la de San Juan, donde escribió el "Cántico espiritual") en el jardín de su chalet durante dos meses para dar a luz -cual Pierre Menard- el mero poemario. Incluso ha apalabrado la edición del libro, que se titulará "San Juan de la Cruz en una caseta de Leroy Merlin".

“Cada uno de nosotros somos el cuento que nos contamos”, dice un personaje de Taboada en este pequeño gran libro.

 

 

miércoles, 3 de agosto de 2022

INFIERNO Y PARAÍSO DE LAS ISLAS de Miguel A. Moreta-Lara. El Desvelo Ediciones

 


CON LA BOCA Y LA CONCIENCIA ABIERTAS

 

    Miguel A. Moreta-Lara posee la rara habilidad de lograr que te interese hasta lo que no te interesa. Su manera de escribir culta, documentada hasta el extremo, cargada de humanidad y con las dosis justas de sentido del humor, consigue que disfrutes leyendo sobre barcos, naufragios, bibliotecas completas que se hundieron en el mar, los genios exiliados de la guerra civil española, los poetas que mandó fusilar Stalin, y hasta una señora de la que no habías oído hablar que merecía varios premios Nobel de Literatura. Te deja con la boca abierta por su erudición, su claridad expositiva, su sabiduría para escoger la anécdota adecuada en el momento más oportuno y, sobre todo, porque va empapando tu conciencia de responsabilidad ética: argumentos carnales que te muestran de dónde vienes y la enorme deuda que has contraído. No son ensayos para darte una palmadita en la espalda y que te creas muy listo, sino para que gastes medio bolígrafo subrayando y comprendas que has leído poco e inadecuadamente. Para que espabiles antes de que esta realidad mediocre te pase por encima, porque ya ocurrió antes y al paso que vamos puede volver a suceder. Un libro para gente despierta que desea seguir despertando.

   Efusividades aparte, Infierno y paraíso de las islas es un libro que habla de libros, exiliados y mujeres. Sobre los libros destaca su cualidad más notable, la interconexión, ya que todos los libros escritos a lo largo de la historia son el mismo libro, dividido en partes, y un libro te lleva a otro libro y este a otro y así hasta el infinito: el libro humano que escribimos los humanos a lo largo del tiempo. Sobre exiliados nos recuerda que somos nosotros en el pasado, que es nuestra dignidad cuando tuvo que echar a correr, que es nuestra memoria perdida y a veces tan enterrada como los muertos que jamás desenterraremos, que si vives en España te han hecho amnésico a punta de pistola y, tal vez, con tu consentimiento.  Sobre mujeres, muchas y apaleadas, es justo decir que “en definitiva: laboraron para la vida, para el amor y para la igualdad. Lucharon por ellas y para todos. Todo eso les debemos.”, y, como estamos en deuda con ellas, nos recuerda que “según la OMS, más de 200 millones de mujeres vivas actualmente han sido objeto de mutilación genital femenina”. En fin, un libro feminista de un feminista militante, con nombres propios, datos y fechas contrastadas.

   Obviamente, esta no es una crítica ortodoxa, sino un comentario fanático de un lector agradecido. Conozco a Miguel Ángel, claro, y es un tipo estupendo; publico en su misma editorial, lo cual me honra; y recomiendo este libro porque me ha gustado mucho. Es todo, gracias.


domingo, 9 de agosto de 2020

RECOMENDACIÓN DE LA VORÁGINE EN ELDIARIO.ES Cantabria



Santander —9 de agosto de 2020 10:39h
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Pasear entre páginas a veces supone un riesgo. Riesgo de descubrir, de comprender, de empatizar. Esta semana proponemos lecturas cuya deriva puede ser arriesgada, pero os prometemos que llevan paracaídas incorporado, porque tan sólo con entrar en sus páginas podemos respirar y sentir que hay salidas y no sólo abismos. Relatos compasivos, museos poéticos, refugios compartidos, filosofía de radio o despertares ilustrados, eso es lo que os traemos. 
GERÓNIMO DE LOS PARACAIDISTAS
De Francisco Taboada – El Desvelo Ediciones
“Si ella muere de madrugada tendré que despertar a mis amigos y como esta noche cambian la hora muchos no sabrán si se acuestan o se levantan. Llegarán aturdidos, intentando disimular que se han dormido durante el viaje, pero se negarán a reconocerlo o le echarán la culpa al reloj y a lo aburrida que es la autovía. No tenemos remedio, somos un grupo de marmotas derrotadas, ya ni la muerte ajena nos mantiene en vela. Sin embargo, cuando les abra la puerta, yo estaré demasiado despierto, con los ojos como charcos y la casa llena de murmullos.”


Diez relatos, diez retratos sociales tiernos pero también cargados de humor que hablan de sexo, de infancias, el mundo del trabajo, de algunos lugares conocidos pero también de vivencias totalmente alejadas de nuestra “normalidad”. La ficción de Taboada llega en este caso a ordenar la vida, da cuenta de la crítica social y organiza lo que nosotros/as no podemos organizar en la realidad. Un libro muy bien escrito, que se lee cultivando poco a poco cariño y compasión hacia unos personajes que son muy reales durante toda la lectura.



miércoles, 8 de enero de 2020

ENTREVISTA CAPOTIANA en ALMA EN LAS PALABRAS, blog de TONI MONTESINOS


https://almaenlaspalabras.blogspot.com/2020/01/entrevista-capotiana-francisco-taboada.html


MARTES, 7 DE ENERO DE 2020


Entrevista capotiana a Francisco Taboada


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Francisco Taboada.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Una biblioteca laberíntica, a ser posible con bodega bien surtida.
¿Prefiere los animales a la gente?
A veces. Los animales están siempre a la defensiva y eso no me gusta. Tampoco es que me guste mucho la gente. Si tengo que escoger, siempre me pongo de parte de mi perro.
¿Es usted cruel?
No. Cuando he sido cruel, sin pretenderlo, me ha torturado durante años.
¿Tiene muchos amigos?
Pocos. No se me da muy bien hacer amigos. Soy un tipo solitario.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Nobleza. Sinceridad. Y que sepan mentirme, de un modo convincente, si lo necesito.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Claro, son humanos. Mi perro, nunca.
¿Es usted una persona sincera?
Sí, es un defecto que tengo, pero procuro dosificarlo.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Un escritor no tiene tiempo libre. Si me sobra un rato, no hago nada.
¿Qué le da más miedo?
Que se mueran las personas a las que quiero.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
A mi edad, ya no me escandaliza nada.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Ser escultor.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
No, el ejercicio físico me aburre. Hago mal, pero es lo que hay.
¿Sabe cocinar?
Sí. Mi especialidad son las salsas y las sopas pobres.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
A Gandhi.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Ojalá.
¿Y la más peligrosa?
Patria.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Sí, pero no se presentó, afortunadamente para ambos.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Anarco-pacifista.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Un lobo.
¿Cuáles son sus vicios principales?
La paciencia, la obstinación.
¿Y sus virtudes?
La impaciencia, el arrebato.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Una mano humana, un flotador enorme. Aunque las veces que he estado a punto de ahogarme no se me pasó nada por la cabeza.  
T. M.

lunes, 4 de noviembre de 2019

RESEÑA en eldiario.es Cantabria de Gerónimo de los paracaidistas

El Desvelo acaba de publicar su última novedad literaria, el libro de relatos de Francisco Taboada titulado 'Gerónimo de los paracaidistas'. Se trata de un conjunto de historias de una factura impecable y que abordan los más variados temas, desde la corrupción al sexo o la infancia. "Tierno y humorístico al tiempo, es un retrato social implacable", explican desde la editorial cántabra.
El autor estará el próximo 12 de noviembre en La Vorágine de Santander y el 22 de noviembre en la librería Dlibros de Torrelavega para presentar este trabajo en el que muestra su versatilidad como escritor.
Portada de 'Gerónimo de los paracaidistas'.
Portada de 'Gerónimo de los paracaidistas'.
Un niño maltratado huye de su padre utilizando métodos detectivescos. Dos hermanos albañiles pierden su empresa en un ambiente de corrupción urbanística rural. Un grupo de mujeres de la élite de una pequeña ciudad se enfrenta a un depredador sexual. Un guitarrista de rock sufre una epifanía en mitad de un concierto desastroso. Un poeta politoxicómano encuentra por casualidad la droga total y definitiva… Así se resumen algunos de estos relatos que esconden una ácida crítica social.
Francisco Taboada (Bilbao, 1957) es escritor y pedagogo. Ha sido profesor de Didáctica del Pensamiento en la Universidad del País Vasco; y también albañil, viajante de comercio, encuestador, librero, restaurador de muebles, barman, cuidador de ancianos… Una experiencia laboral variopinta que refleja con humor en su obra literaria.
Es autor de los libros de poemas 'Garbanzos' (1979), 'Palabras dactilares' (2011) y 'Frontera de carne' (2015); de la obra de teatro 'El Maestro' (2012) y de las novelas 'Memorias de Yoser Pez' (2006), 'La cosecha' (2012) y 'El pozo séptico' (2015), además de haber colaborado habitualmente en prensa.

miércoles, 14 de marzo de 2018

RESEÑA de AUTORRETRATOS de KEPA MURUA en el diario argentino EL CORREDOR MEDITERRÁNEO



AUTORRETRATOS de Kepa Murua

            Autorretratos, el nuevo poemario de Kepa Murua, magníficamente ilustrado por Ángel López de Luzuriaga, contiene un conjunto de versos cultivados con la paciencia que el tiempo solo otorga a un pensamiento bien sedimentado. Corresponde a treinta años de vida intensa (1987-2017) y recopila palabras sencillas con la textura de una piel, una piel cotidiana, casi doméstica, próxima a la ternura y la rabia de un poeta que se cuestiona a cada paso su condición. Si todo autorretrato para ser veraz ha de ser impúdico, ya que un poeta con pudor es un farsante, en estos 65 frescos con sabor a vuelapluma encontramos el esqueleto de un autor que se ha ido desgarrando hasta alcanzar al fin un grado de humanidad que impresiona por su cercanía. Casi podemos tocarlo, fluye junto a nosotros, es uno más en la procelosa vida que compartimos. Lejos ya del experimentalismo de sus primeros libros de poemas, Kepa Murua se nos muestra aquí desenmascarado y libre por la palabra, esa compañera de viaje que siempre ha permanecido a su lado y que habla de él, aunque él crea que habla de sí mismo, en esa pelea tenaz donde espejo y reflejo se funden, son una misma cosa. Modestia y vanidad, terquedad y desazón, resistencia y fractura, la vida misma, que lo fue delatando y dejó a su paso estas instantáneas en las que no pudo disimular ni esconderse. Pura intimidad, alma sin filtro, despojamiento. Poesía neta, sin artificio.

            A lo largo de este poemario podemos seguir en orden cronológico la trayectoria visceral de Kepa Murua desde que comprendió que dedicarse a la literatura era  inevitable. Desde la caída del muro de Berlín: tras los pasos de una Europa/ que no sabe cómo crece/ ni en qué se convertirá, justo en el momento en que la poesía se cernía sobre él: Pero yo pasé mucho frío/ y mucha hambre/ en el centro de un mapa/ que podía ser el de mi cerebro, hasta la actualidad, donde el poeta consagrado repasa su obra, indistinguible de su vida: Sin saber dibujar, puse mi nombre debajo./ Sin muchos colores en la paleta, viví intensamente/ el amor que se descubre solo o acompañado. Un camino largo para un hombre cosmopolita que no ha dejado de buscar, de indagar en sí mismo y en su obra: Me iba conociendo/ con las palabras/ y estas me iban reconociendo a mí/ entre mil garabatos. Casi una treintena de libros, entre poemarios, ensayos, novelas, colaboraciones artísticas con otros autores, y además la dirección de la editorial Bassarai y la revista digital Luke. Un escritor infatigable que ya en 1995 vislumbraba este libro: Quiero que mi retrato sea nítido/ en el polvo trasparente de la vida/ como el fondo cristalino del agua.

            No cabe duda de que Autorretratos es un libro tan carnal y sanguíneo como su autor. Un regalo que nos ofrece para que nada quede oculto, para que todo sea desvelado. Esa confidencia que se hace a altas horas de la noche con una copa de menos o una copa de más y que un lector atento sabe agradecer. El testimonio noble, como diría St.Vincent Millay, de un poeta que le sigue dando fuego por ambos lados a la vela de las palabras para sorprendernos con el brillo deslumbrante de la existencia humana.

                                                                                                     Francisco Taboada

AUTORRETRATOS
Kepa Murua
Ilustrador: Ángel López de Luzuriaga
El Desvelo Ediciones (2018)



             

martes, 26 de diciembre de 2017

RESEÑA de DE TEMBLORES de Kepa Murua en ESPACIO LUKE


DE TEMBLORES de Kepa Murua

            De temblores es una novela de amor. Un texto breve pero intenso que ahonda en la problemática tratada por Kepa Murua en sus novelas anteriores y que en cierto modo serviría de conclusión o final de ciclo. Una suerte de epílogo sobre el tema del amor enfrentado a la libertad del individuo o, dicho de otra manera, el amor y sus consecuencias para un hombre contemporáneo que es algo más que un mero receptor pasivo, una víctima propiciatoria del único tema que al parecer nos interesa. Porque la cuestión a tratar, la pregunta que se intenta responder, es si somos algo más que personas que aman y son amadas. Si hay algo además o por encima del amor. Si la vida sin amor tiene algún sentido. Demasiados impedimentos que concluyen con la certeza de somos incapaces de amar, porque el amor ha cambiado tanto en los últimos tiempos que resulta irreconocible.
Para abordar el tema del amor, Kepa Murua utiliza en su obra diferentes estrategias narrativas. En su primera novela, Un poco de paz, asistimos al amor fundacional mediatizado por la historia familiar del personaje, dependiente todavía de la figura paterna. El método utilizado es la parodia, con el descubrimiento de un manuscrito revelador al estilo de los best-sellers. En la segunda novela, Tangoman, vivimos la peripecia de un hombre feo pero dotado para el baile y el amor circunstancial, un trípode humano que consuela a mujeres mayores y que se enfrenta a su propia desdicha y marginalidad: toda una sátira con momentos cómicos y delirantes. En esta tercera, sin embargo, emplea un método más sutil: la confesión, con un enrevesado paralelismo con su propia biografía. En De temblores, el protagonista es un escritor, de 50 años, con el pelo rapado, que usa sombrero, que viaja con frecuencia al continente americano… y si nos dejamos engañar por las apariencias, o si hemos leído las dos primeras entregas de sus Diarios, podríamos concluir que se trata del mismo Kepa Murua. Sin embargo, el protagonista se llama Rubén, no es el autor, no es un álter ego, sino esa máscara que con frecuencia utilizan los escritores, ese juego tan suculento de la falsa-biografía, donde se usan datos verdaderos mezclados con otros que no lo son, un tour de force en el que se confunden deliberadamente las cosas para comprometer e implicar tanto al que escribe como al lector que conoce en parte su obra. Un método arriesgado, duro, que Kepa Murua sabe resolver con gran maestría narrativa.
Formalmente hablando, De temblores no es una novela que huye hacia otro texto como en el caso de Un poco de paz, ni tampoco contiene un personaje estrambótico que se traslada a su propio interior a modo de refugio estilístico, como en Tangomán, sino que es un ejercicio de desnudez total, con un estilo contundente, basado en capítulos cortos con un enunciado orientativo, con párrafos muy breves, de un solo golpe de voz, alternados con diálogos de una crudeza tal que impide cualquier desvío. Lo que hay es lo que hay. El texto ha sido pulido hasta la exasperación. Si en vez de leerlo lo escucháramos grabado pensaríamos que estamos asistiendo a la declamación del alma de una persona, y digo declamación porque hay una evidente intención musical y poética en el texto. No solo por los ritornelos empleados, que se repiten a lo largo de la novela, en especial ese: “De temblores está hecho el amor”, que aparece en lugares clave en diferentes capítulos, sino también por los bucles en los que la memoria regresa a un punto anterior, a un texto ya mencionado, para darle un nueva lectura, para avanzar en su interpretación. Un estilo dinámico que impide que las palabras se solidifiquen, de manera que si al principio esos temblores son los propios del sexo, a continuación serán los de la indecisión y el miedo de los amantes, y más adelante los de un terremoto emocional que todo lo transforma. Es el mismo temblor evolucionando y dimensionándose según nos vamos adentrando en la novela. Una novela con mucha más complejidad de la que aparenta y que, al final, contiene una vuelta de tuerca muy eficaz que nos permite reinterpretar lo leído.
La historia de amor que nos cuenta De temblores no es una historia de amor al uso. No es nada convencional. Contiene todos los elementos de las historial de amor, por supuesto, pero debajo de su aparente simplicidad esconde una reflexión más profunda y necesaria: ¿Qué le hemos hecho al amor, en qué lo hemos transformado, por qué sentimos que se nos escapa de las manos? Estamos hablando de un amor idealizado, sublime. Ese es el tipo de amor que busca Rubén a lo largo de toda la novela, porque, como decía Auguste Comte: “Si el amor no pude dominar, ¿cómo va a hacerlo el espíritu? Si no entendemos el amor, ¿de qué sirve entender todo lo demás?”
En este sentido De temblores entronca con la mejor literatura europea de los últimos tiempos. En lo fundamental, no dista mucho de las preguntas que se hace Michel Houellebecq en Plataforma: “¿Los europeos del Viejo Continente hemos perdido la capacidad de amarnos entre nosotros y necesitamos buscar o recuperar el amor en otras latitudes?¿Tanto ha cambiado nuestra sociedad para que seamos incapaces de amar y ser amados?” La respuesta es obvia: sí. Por una parte, las religiones puritanas y controladoras de nuestro pensamiento han perdido su fuerza a lo largo del último siglo, y los sistemas políticos y las trasformaciones sociales han dotado el individuo de un poder decisorio que antes no tenía. Por otra parte,  el surgimiento de los métodos anticonceptivos ha liberado al sexo de la esclavitud de los matrimonios forzados, y la progenie abundante y encadenadora. Y en tercer lugar, la liberación femenina ha convertido a uno de los dos elementos del amor heterosexual, la mujer, en alguien activo, cuando antes era casi siempre pasivo. Marxismo, anticoncepción y feminismo dieron un giro copernicano al amor, y el capitalismo actual ha terminado por liquidarlo, al menos en su sentido más puro. Nos encontramos por tanto en una era de re-definición de uno de los conceptos vitales del ser humano.
En De temblores, Kepa Murua, a través de los pensamientos y conversaciones del personaje central con sus diferentes amantes, nos aproxima al amor actual. En la novela aparecen al menos seis mujeres, destacando Dacia, de origen indio pero adoptada y educada por occidentales, una mezcla de amante, madre y refugio, y Rosale, suramericana, bastante más joven que el escritor, la otra protagonista del libro, que representa el amor crepuscular, la oportunidad tardía de afirmar o negar el amor, un nuevo comienzo y en cierto modo una involución. Entre todas ellas forman el currículum amoroso de Rubén, una experiencia en principio desencantada pero que busca su redención, porque en el fondo desea amar, desea reafirmarse como individuo a través del amor. De este modo retrata lo que es el amor actual, no exclusivo, que reside en diferentes personas, una por cada fase o etapa del individuo. Es por tanto un amor de duración limitada, que se consume con intensidad y luego se desecha.
Sobre todo ello se interroga a lo largo de la novela el escritor protagonista debatiéndose entre el deseo antiguo y la realidad contemporánea. Y cree que el motivo de sus desvelos reside en el hecho de ser diferente, ser escritor, someter la realidad a un exceso de observación y cuestionamiento. A eso juega con Rosale, su nueva y joven amante, a la demolición del amor y de sus posibilidades por el eficaz método de querer afirmar su existencia. Comienzan a amarse poniendo en tela de juicio si el amor es posible, posible para ellos y posible en sí mismo. Y la pregunta que se hace el lector es si existe algo capaz de soportar semejante escrutinio, porque los personajes no se entregan a ese sentimiento, sino que lo analizan y así lo destruyen, socaban sus posibilidades naturales, lo falsean a través de la mente. Si hicieran lo mismo con el sexo, no llegarían ni a la cama. El amor no se piensa, se hace. Intelectualizarlo es un error. Y nunca se debe oponer el amor a la libertad individual.
A lo largo de toda la novela diferentes mujeres acusan al protagonista de ser una persona egoísta, alguien incapaz de amar, porque sólo se ama a sí mismo. Sin embargo, Rubén se defiende constantemente y al hacerlo se delata. Además utiliza a su nueva amante, Rosale, para esconderse y refugiarse en una sospechosa autocomplacencia. Quizás en eso reside el problema de Rubén, y por extensión de todos nosotros: demasiado individualismo, demasiado narcisismo, demasiadas corazas para los sentimientos, cuando el amor requiere un cierto abandono, la aceptación de la dependencia, la debilidad, la posibilidad de perderse, de alienarse sin miedo en brazos de otra persona. Y para eso es necesario ser adulto, no esperar siempre una retribución, una recompensa. Como decía Erich Fromm en El arte de amar: “En una cultura en la que prevalece la orientación mercantil y en la que éxito material constituye el valor predominante, no hay en realidad motivos para sorprenderse de que las relaciones amorosas humanas sigan el mismo esquema de intercambio que gobierna el mercado de bienes y de trabajo.” Sin embargo, “en el amor es fundamental dar, no recibir”, “aunque existe el malentendido común de suponer que dar significa renunciar”, “que dar sin recibir es una estafa”, cuando “el acto mismo de dar, es una prueba de mi fuerza, mi riqueza y mi poder”.
En De temblores, a pesar de los esfuerzos del Rubén por ser empático con las mujeres, el punto de vista es siempre masculino. Siempre está a la defensiva, como el hombre actual que teme perder sus privilegios y que jamás admitiría que no sabe cómo desenvolverse en un terreno de igualdad anímica y sexual. No quiere ceder terreno sino aprovecharse de las circunstancias para mejorar su posición. En el fondo, comete el mismo error que Freud con su materialismo fisiológico, al ver en el amor exclusivamente la expresión o la sublimación del instinto sexual. El amor dura para Rubén lo que dura el deseo, nada más. Si alguien le exige otra cosa, esa persona no es conveniente. No parece saber que el amor comienza a desarrollarse cuando amamos a quienes no necesitamos para nuestros fines personales. Rubén no sabe amar porque tampoco sabe vivir. No es extraño que piense que el amor es la unión de dos soledades, cuando en realidad es el antídoto contra la soledad. Como hombre contemporáneo, que no comprende que los tiempos han cambiado, no ha sabido superar la pérdida de la polaridad sexual, que sirve para el erotismo pero que no sirve para la vida fuera de la cama, donde hay dos personas, dos seres humanos que buscan juntos un sentido a la existencia. Rubén es tan inmaduro como nuestra sociedad, y representa sus contradicciones a la perfección.
Si algo nos aporta De temblores es un retrato descarnado de cómo se va desarrollando esa evolución, ese acercamiento entre los sexos, visto desde el interior de un hombre y algunas mujeres que buscan una salida al laberinto sentimental en el que seguimos encerrados desde el principio de los tiempos. Una novela valiosa, que también incluye una crítica feroz de la situación lamentable de los inmigrantes, y que se disfruta mejor con los precedentes de Un poco de paz y Tangoman. Literatura contemporánea, buena literatura, que formula muchas preguntas y nos deja a nosotros, los lectores… seguir haciendo más preguntas.

DE TEMBLORES
Autor: Kepa Murua
Editorial: El Desvelo
Colección: El legado del Barón
Ilustración portada: Andrea Conde
PVP: 19 €

Enlace: http://www.espacioluke.com/2017/Noviembre2017/taboada.html


jueves, 16 de noviembre de 2017

RESEÑA de DE TEMBLORES de KEPA MURUA en el diario argentino EL CORREDOR MEDITERRÁNEO


DE TEMBLORES de Kepa Murua

            De temblores es una novela de amor, un texto breve pero intenso que ahonda en la problemática tratada por Kepa Murua en sus novelas anteriores, Un poco de paz y Tangoman, y en cierto modo serviría de conclusión o final de ciclo. Una suerte de epílogo sobre el tema del amor enfrentado a la libertad del individuo, donde la pregunta que se intenta responder es si somos algo más que personas que aman y son amadas, si hay algo por encima del amor, si la vida sin amor tiene algún sentido. Demasiados impedimentos que concluyen con la certeza de somos incapaces de amar, porque el amor ha cambiado tanto que resulta irreconocible.

Si en las novelas anteriores Kepa Murua utilizaba la parodia y la sátira, en De temblores emplea la confesión, la falsa-biografía. Formalmente hablando, es un ejercicio de desnudez total, con un estilo contundente, basado en capítulos cortos con un enunciado orientativo, con párrafos muy breves, de un solo golpe de voz, alternados con diálogos de una crudeza tal que impide cualquier desvío. El texto ha sido pulido hasta la exasperación, con una evidente intención musical y poética, con numerosos ritornelos y bucles en los que la memoria regresa a un punto anterior, a un texto ya mencionado, para facilitar una nueva lectura. Un estilo dinámico que impide que las palabras se solidifiquen, de manera que si al principio esos temblores son los del sexo, a continuación serán los del miedo de los amantes y después los de un terremoto emocional que todo lo transforma. Es el mismo temblor evolucionando y dimensionándose según nos vamos adentrando en la novela. Una novela con mucha más complejidad de la que aparenta y que, al final, contiene una vuelta de tuerca muy eficaz que nos permite reinterpretar todo lo leído.

Debajo de su aparente simplicidad De temblores esconde una reflexión profunda y necesaria: ¿Los europeos hemos perdido la capacidad de amarnos entre nosotros y necesitamos buscar o recuperar el amor en otras latitudes? La respuesta es obvia: en el siglo pasado el marxismo, la anticoncepción y el feminismo dieron un giro copernicano al amor y el capitalismo actual ha terminado por liquidarlo. Nos encontramos por tanto en una era de re-definición del amor. En la novela aparecen seis mujeres, destacando Dacia, de origen indio, y Rosale, suramericana, bastante más joven que el escritor, y  que representa el amor crepuscular, la oportunidad tardía de afirmar o negar el amor, un nuevo comienzo y también una involución. El problema surge cuando ambos comienzan a jugar a la demolición del amor, cuando se aman poniendo en tela de juicio si el amor es posible. No se entregan a ese sentimiento, sino que lo analizan y así lo destruyen, lo falsean a través de la mente.

A lo largo de toda la novela las diferentes mujeres acusan al protagonista de ser  alguien incapaz de amar, sin embargo Rubén se defiende constantemente y al hacerlo se delata. Esa es la clave: demasiado narcisismo, demasiadas corazas, cuando el amor requiere un cierto abandono, la aceptación de la dependencia.  En De temblores, a pesar de los esfuerzos del Rubén por ser empático con las mujeres, el punto de vista es siempre masculino. Siempre está a la defensiva, como el hombre actual que teme perder sus privilegios y que jamás admitiría que no sabe cómo desenvolverse en un terreno de igualdad. Rubén es tan inmaduro como nuestra sociedad y representa sus contradicciones a la perfección.

Si algo nos aporta De temblores es un retrato descarnado de cómo se va desarrollando esa evolución, ese acercamiento entre los sexos, visto desde el interior de un hombre y algunas mujeres que buscan una salida al laberinto sentimental. Una novela valiosa, que también incluye una crítica feroz de la situación lamentable de los inmigrantes, como es el caso de Rosale. Literatura contemporánea, buena literatura, que formula muchas preguntas y nos deja a nosotros, los lectores… seguir haciendo más preguntas.

                                                                        Francisco Taboada


lunes, 2 de octubre de 2017

COREOGRAFÍA POLÍTICA en ELDIARIO.ES Cantabria




Coreografía política


El cuerpo humano, por muy contorsionista que sea, tiene los movimientos limitados por su anatomía y España por la resistencia de sus materiales. Este es un país frágil, de acero mal forjado, como esas espadas lustrosas que sirven para decorar pero se quiebran en el combate. La democracia débil que nos sirve de esqueleto es latina y está aquejada de la osteoporosis procedente de su naturaleza dictatorial. Basta un solo golpe para que la armadura se rompa y el  cuerpo se fragmente y sangre y muera.

La derecha de la nación y la derecha nacionalista nunca han soltado las riendas, tienen el pastel muy bien repartido y se pasan la pelota como elemento de despiste que ya no despista a nadie, aunque da juego, que es de lo que se trata. Mientras la población ya no da más de sí, nuestros gobernantes van a seguir haciendo evoluciones alrededor del mismo escenario y sin salirse de él. Que si España se rompe que si se pega con cola, y el país, en su vida diaria, ya está roto en mil pedazos. El tema del referéndum más que una cortina de humo es un incendio en toda regla. ¿En serio cree alguien que a los millones de parados les importa en qué país pasan hambre y en qué lengua se quejan?

Es un hecho que nos han robado 40.000 millones en el rescate bancario y que el 20% de los bancos son catalanes con sucursales en toda España. ¿Acaso han mencionado los que quieren independizarse la posibilidad de distanciarse de la corrupción devolviéndonos ellos la parte que les corresponde? No, para nada, que la pela no se toca. Hasta mi perro sabe que todo esto es una coreografía ensayada al milímetro para que si uno estira la pierna hacia un lado el otro lo haga para el lado contrario y así la imagen de conjunto queda muy mona, muy equilibrada. Mientras tanto, se va desmontando la sanidad pública de modo que la salud sea un privilegio de los ricos, la educación pública se deteriora hasta convertir a la gente en analfabeta funcional y se recorta la libertad de expresión asustando a las personas para que obedezcan como animales acorralados. Bravo: si Cataluña se independiza no podrá participar en Eurovisión.

Pero cuidado, que la policía no es tonta y todos llevamos un madero en el interior.  Las pruebas son las pruebas y para pillar al delincuente solo hay que seguir el rastro del dinero. Dicen las malas lenguas que al gobierno de Rajoy lo sostienen los nacionalistas vascos a cambio de pasta gansa, miles de millones. Dicen también que los socialistas se montaron un teatro magistral para volver a la palestra y si un día afirman que España es plurinacional al día siguiente no están en contra de aplicar el artículo 155, si no queda más remedio, todo con tal de no perder la primera línea del abrevadero de la guita.  Dicen que Unidos Podemos trabaja con denuedo para asegurar su continuidad haciendo propuestas que molan cantidad, diálogo y eso, buen rollito en una asamblea guay que solo añade leña al fuego. En fin, que la calle habla y sabe que si les quitas la máscara todos acaban cantando.

¿Si la cosa es tan grave, por qué sonríen por lo bajo Rajoy y Puigdemont, qué tienen que ocultar? La experiencia nos dice que si metes en una sala de interrogatorios a una persona culpable y a una inocente, y las dejas a solas durante horas, la inocente se ira poniendo cada vez más nerviosa mientras que la culpable puede que acabe echándose un sueñecito. La inocente cree que, a pesar de su rectitud, dada la complejidad de la ley, puede haber cometido un delito sin saberlo, de ahí su nerviosismo, mientras que la culpable, sabedora de su delito, y probablemente tan conocedora de la ley como quienes la aplican, estará cada vez menos preocupada porque el paso del tiempo implica dificultades para encontrar pruebas que demuestren su delito. Por eso, el 1 de octubre, pase lo que pase, los dos seguirán sonriendo. Van a ganar votos y podrán esconder su mala gestión de gobierno con la complicidad de sus votantes. Lo único que les importa es que siga el espectáculo.

Hay pocas ideas más turbias que Patria, País y Nación y pocos disfraces más tristes que los tejidos con la tela de una bandera, escudo de miserables, capa multicolor del fantasma paleto. Las ideas valiosas no tienen tantos seguidores. Poco importa España Uno, Cataluña Cero o viceversa. Una región pobre nunca amenaza con abandonar el país y si disipamos la niebla lo único que se ve es dinero en ambas partes. Eso sí, los majaderos de siempre hablan de violencia en el horizonte, como buitres necesitados de cadáveres que justifiquen sus razonamientos baratos. Por eso el Gobierno Español se ciñe a su papel y esgrime el fasces de hacha y varas, y el Govern la hoz del segador. Cada uno intimida a los suyos y a los del otro bando. El caso es amenazar. Que la gente tenga miedo, que tiemble ante el futuro incierto, que se divida en grupos, que calle y otorgue, que el lunes vaya a trabajar por un salario de esclavo. Y sobre todo que no piense. Porque el día en que España piense cambiará la Constitución. Hasta entonces, no hay nada que hacer.



miércoles, 20 de septiembre de 2017

DISCURSOS PARALELOS en ELDIARIO.ES Cantabria



Discursos paralelos


Quedo para cenar con un viejo revolucionario cargado de anécdotas y entre otras me cuenta su panfletada más gloriosa. Sucedió un día en que sus colegas de partido lo dejaron solo con una mochila llena de octavillas que había que aventar con urgencia. El método clásico consistía en arrojarlas al aire en diferentes lugares de la ciudad, cuantos más mejor. Lo normal era coger un autobús de línea, bajarse en una plaza pública, esperar la llegada de otro autobús que fuera en la dirección contraria y cuando llegaba, justo antes de subirse, lanzar los panfletos y desaparecer de escena. No había móviles, pero cualquier pasajero o el mismo conductor podían avisar por señas a la policía si se cruzaban con ellos, luego era necesario bajar en la siguiente parada, desplazarse a pie hasta otra ruta y vuelta a empezar. Funcionaba bien si lo hacía un grupo numeroso de militantes, en un espacio de breve de tiempo, pero un hombre solo se arriesgaba demasiado y probablemente sería detenido y encarcelado. Era un tema serio.

Con la ayuda de un miembro del partido que trabajaba en la estación central de los autobuses, el hombre se coló de madrugada en las cocheras y colocó sobre el techo de toda la flota pequeños paquetes de octavillas previamente humedecidas. A la mañana siguiente, según circulaban los autobuses, los panfletos de se iban secando al viento y en cosa de horas toda la ciudad estaba sembrada de consignas revolucionarias. “Casi cinco mil octavillas”, me dice con orgullo, “cuando cinco mil era un número importante”. Inevitablemente, hablamos del poder de la información, de la capacidad de difusión actual de las ideas gracias a Internet. Supongo que le alegra su existencia pero me dice, con el cinismo propio de Oscar Wilde: “Cuando los dioses quieren castigarnos, atienden nuestras plegarias.” Y añade que nunca se había inventado nada tan contra-revolucionario como Internet.

Según su teoría, Internet se parece a una asamblea general multitudinaria que, precisamente por su tamaño, resulta ineficaz. Demasiada gente hablando a la vez y cada cual empeñado en defender solo su punto de vista. No hay verdadero diálogo por culpa de la inmediatez de respuesta. Hasta el discurso mejor elaborado y certero se ve expuesto a la demolición por parte de un conjunto excesivo de personas que lo utilizan como disculpa para elaborar un discurso paralelo, el suyo, de manera que el mensaje original queda anulado en cuestión de minutos:

 “¿No te has fijado que cuanto más impecable es un análisis político de la situación actual, aumenta exponencialmente el número de ataques hasta lograr que se dude de su bondad o su validez? Si aciertas de pleno, el primer comentario será: ‘Tú no sabes lo que es el fascismo’, o bien: ‘No he pasado del primer párrafo porque aburres a las ovejas.’  Eso sin mencionar los insultos y los ataques personales. Y como se te ocurra opinar, sobre todo si es a favor, del feminismo, de la homosexualidad o de Cataluña, sin ser mujer, o gay o catalán, te caerá encima una horda de gente con lupa, escrutando, falseando, si es preciso mintiendo; y si has dicho España eres españolista por no decir ‘estado invasor español’, si has dicho LGTB serás un ‘Cishetero’ por no decir LGTBIQ, que no te enteras, o te tacharán de machista porque crees que hay que racionalizar la ‘discriminación positiva’. En el fondo da igual lo que digas, solo importa que seas atacable. Si lo eres te demuelen, si no, te ignoran. Tu valor depende de la posibilidad de crear a tu costa discursos paralelos. Y lo hace la gente a la que apoyas, los de tu bando, con más fiereza que si fueras del bando contrario, joder.”

El viejo revolucionario se cabrea y entonces hablamos de censura, de autocensura, de posverdad, de la ley mordaza, de lo sospechoso que le parece que se haya permitido la expansión descontrolada de Internet, de la destrucción de una herramienta global de información que podía haber sido positiva por la inexistencia de un código deontológico básico, de que importe más enseñar un teta que vender un tanque, del hecho irrefutable de que Internet nos esté convirtiendo en más machistas, más fascistas, más xenófobos, más incultos y menos educados. “No sabemos lo que somos, ni qué significa ser, pero sí que somos en el tiempo, ya lo decía Heidegger, así que ha sido tan simple como poner en nuestras manos un acelerador del tiempo para acabar con nosotros. Quemamos las ideas antes de afianzarlas. La prisa no nos deja reflexionar. Le estamos haciendo al pensamiento lo mismo que las centrales nucleares al medio ambiente.”

Es lo que pasa con los viejos revolucionarios, que tienen perspectiva. Les han tumbado tantas veces sus ideas, sus iniciativas, que hablar con ellos deja un cierto regusto amargo. Por eso me comenta que está pensando en descontaminarse, abandonar las redes sociales en las que es tan activo, cerrar su blog y no volver a hablar de nada en absoluto. “No lo hagas, o la asociación metafísica española te echará la bronca por mezclar nada y absoluto en una misma frase.” Reímos por no llorar y para que se anime le paso el móvil con un artículo de Jamie Bartlett  donde habla del auge de la extrema derecha en Internet. Lo lee con calma y luego asiente y enseña las garras. Es un gato callejero, aunque parezca agotado jamás se rinde.

lunes, 4 de septiembre de 2017

LOS HÉROES LGTB en ELDIARIO.ES Cantabria



Los héroes LGTB



¿Qué sucedería si en el último capítulo de la 7ª temporada de Juego de Tronos descubrimos que Jon Nieve tiene un novio macizo en Desembarco del Rey? Que se perderían de golpe 10 millones de espectadores. ¿Y si Daenerys de la Tormenta, traumatizada porque la violó salvajemente un criador de caballos, estéril para lo humano pero capaz de fertilizar huevos de dragón, le pide a una hechicera que le desarrolle genitales masculinos con la dureza del acero valyrio y decide perpetrar contra el sexo fuerte una oscura y penetrante venganza? Pues que se perderían 20 millones de espectadores y HBO tendría que clausurar la serie. Por eso, en el penúltimo capítulo, cuando los toscos guerreros bromean diciendo que si no hay mujeres ya se apañarán entre ellos, ‘El Perro’ tranquiliza al burdo salvaje pelirrojo afirmando que está enamorado de una señora y que tendrá con ella los hijos que haga falta. Porque una cosa es que en la serie haya violaciones, incesto y empoderamiento femenino y otra salirse de la norma heterosexual mayoritaria, salvo en papeles secundarios, para cumplir y nada más. Los grandes protagonistas están excluidos de esa posibilidad.

La sociedad todavía no está madura para tener héroes LGTB con la suficiente entidad para servir de referente. Para que los niños y las niñas puedan decir en el cole, según sus inclinaciones: “Me gustaría ser como Z-Woman, que tiene una novia muy guapa en Alfa Centauro o como F-Man, que le tira los tejos a Lobezno”. Quizá porque el colectivo LGTB es estadísticamente minoritario, aunque no sabemos si lo sería tanto en un mundo donde no se pongan trabas para que cada cual desarrolle la tendencia sexual que más le apetezca. O todas, o ninguna, que también los asexuales están reivindicando sus derechos (digamos LGBT+). Héroes, en fin, cuyo comportamiento carnal sea admitido, aceptado, reconocido, para ser modelos dignos de poseer seguidores propios no estigmatizados.

Algo de esto había en la serie de Netflix Sense8. Serie malograda que según las últimas noticias no seguirá adelante y sólo se le concede un único episodio doble, en 2018, para no dejar colgados a los espectadores y cerrar las diferentes tramas apresuradamente. No es nada excepcional, muchas series se cancelan por su falta de rentabilidad, pero lo grave del asunto es que Sense8 estaba a cargo de las hermanas Wachowski, que antes fueron los hermanos Wachowski, directores de la trilogía de Matrix, y que gracias a su cambio de sexo se han convertido en todo un icono transexual y por lo tanto LGTB. Héroes civiles con capacidad demostrada para crear héroes de ficción que, sin embargo, en esta ocasión han fallado estrepitosamente. Una verdadera lástima.

Y es que Sense8 lo tenía todo. Una buena idea inicial: Ocho personas de diferentes culturas y lugares del mundo están conectadas telepáticamente y pueden actuar juntas para mejorar la realidad. El punto de partida es el día del Orgullo Gay, y entre los personajes hay todo un abanico de tendencias sexuales: una trans con relaciones lésbicas, dos heteros super-enamorados, dos gais emotivos y cachondos, dos amantes conflictivos con infidelidad de por medio, un jovencito inexperto con una mujer resabiada, una dominatriz karateca a punto de liarse con el poli que la persigue… Tenía que funcionar. La primera temporada estaba cargada de defectos pero el desafío merecía la pena. Además contaba con el español Miguel Ángel Silvestre en una soberbia interpretación con vis cómica que parodiaba precisamente a Matrix. Incluso tenía el beneplácito de las revistas del corazón ya que la actriz principal Jamie Clayton, en un papel trans, es transexual en la vida real y tuvo un romance con Keanu Reeves. Qué más se puede pedir para la normalización.   

Las hermanas Wachowski se pueden lavar la manos y echar la culpa de todo a Netflix, pero lo cierto es que dilapidaron un presupuesto de lujo, casi 9 millones de dólares cada episodio, por ser demasiado pretenciosas y confiar en que sólo con su nombre ya tenían garantizada una serie a perpetuidad. Les faltó solidez de guión, imaginación, perspectiva, y la segunda temporada es aburrida, casi una orgía permanente que no conduce a ninguna parte. Todo un alarde de irresponsabilidad, teniendo en cuenta que el colectivo LGTB estaba pendiente de ellas. A última hora, la web porno xHamster se ha ofrecido a financiar la siguiente temporada, aduciendo que están a favor de la libertad sexual y la sexualidad no-normativa, ya imaginamos con que objetivo. Si las Wachowski aceptan sería como volver a la marginalidad, aunque la audiencia sea enorme, algo que nadie podría perdonarles.

En estos tiempos de crisis, que ya amenaza con ser permanente, las religiones y otras fuerzas reaccionarias extienden con facilidad su mensaje involucionista ofreciendo a las personas una protección y amparo que les permite controlarlas, de modo que el progreso social retrocede hacia posiciones anteriores y se pierde lo ganado convirtiendo en simples experimentos lo que son necesidades humanas: las mujeres de Afganistán volvieron de la libertad al burka y los homosexuales podrían ser obligados a regresar al armario. Por eso es necesario no perder ni una oportunidad de afianzamiento, para solidificar lo conseguido y evitar una vuelta atrás. El futuro siempre llega tarde, o no con la celeridad deseada, y dormirse en los laureles es peligroso. Sense8 podría haber sido una serie de referencia, un hito, ahora solo es un ejemplo de cómo no se deben hacer las cosas. Qué pena.