jueves, 26 de octubre de 2017
lunes, 2 de octubre de 2017
COREOGRAFÍA POLÍTICA en ELDIARIO.ES Cantabria
Coreografía política
El cuerpo
humano, por muy contorsionista que sea, tiene los movimientos limitados por su
anatomía y España por la resistencia de sus materiales. Este es un país frágil,
de acero mal forjado, como esas espadas lustrosas que sirven para decorar pero
se quiebran en el combate. La democracia débil que nos sirve de esqueleto es
latina y está aquejada de la osteoporosis procedente de su naturaleza
dictatorial. Basta un solo golpe para que la armadura se rompa y el cuerpo se fragmente y sangre y muera.
La derecha de la
nación y la derecha nacionalista nunca han soltado las riendas, tienen el
pastel muy bien repartido y se pasan la pelota como elemento de despiste que ya
no despista a nadie, aunque da juego, que es de lo que se trata. Mientras la
población ya no da más de sí, nuestros gobernantes van a seguir haciendo
evoluciones alrededor del mismo escenario y sin salirse de él. Que si España se
rompe que si se pega con cola, y el país, en su vida diaria, ya está roto en
mil pedazos. El tema del referéndum más que una cortina de humo es un incendio
en toda regla. ¿En serio cree alguien que a los millones de parados les importa
en qué país pasan hambre y en qué lengua se quejan?
Es un hecho que
nos han robado 40.000 millones en el rescate bancario y que el 20% de los
bancos son catalanes con sucursales en toda España. ¿Acaso han mencionado los
que quieren independizarse la posibilidad de distanciarse de la corrupción
devolviéndonos ellos la parte que les corresponde? No, para nada, que la pela
no se toca. Hasta mi perro sabe que todo esto es una coreografía ensayada al
milímetro para que si uno estira la pierna hacia un lado el otro lo haga para
el lado contrario y así la imagen de conjunto queda muy mona, muy equilibrada.
Mientras tanto, se va desmontando la sanidad pública de modo que la salud sea
un privilegio de los ricos, la educación pública se deteriora hasta convertir a
la gente en analfabeta funcional y se recorta la libertad de expresión
asustando a las personas para que obedezcan como animales acorralados. Bravo:
si Cataluña se independiza no podrá participar en Eurovisión.
Pero cuidado,
que la policía no es tonta y todos llevamos un madero en el interior. Las pruebas son las pruebas y para pillar al
delincuente solo hay que seguir el rastro del dinero. Dicen las malas lenguas
que al gobierno de Rajoy lo sostienen los nacionalistas vascos a cambio de
pasta gansa, miles de millones. Dicen también que los socialistas se montaron
un teatro magistral para volver a la palestra y si un día afirman que España es
plurinacional al día siguiente no están en contra de aplicar el artículo 155,
si no queda más remedio, todo con tal de no perder la primera línea del
abrevadero de la guita. Dicen que Unidos
Podemos trabaja con denuedo para asegurar su continuidad haciendo propuestas
que molan cantidad, diálogo y eso, buen rollito en una asamblea guay que solo
añade leña al fuego. En fin, que la calle habla y sabe que si les quitas la
máscara todos acaban cantando.
¿Si la cosa es
tan grave, por qué sonríen por lo bajo Rajoy y Puigdemont, qué tienen que
ocultar? La experiencia nos dice que si metes en una sala de interrogatorios a
una persona culpable y a una inocente, y las dejas a solas durante horas, la
inocente se ira poniendo cada vez más nerviosa mientras que la culpable puede
que acabe echándose un sueñecito. La inocente cree que, a pesar de su rectitud,
dada la complejidad de la ley, puede haber cometido un delito sin saberlo, de
ahí su nerviosismo, mientras que la culpable, sabedora de su delito, y
probablemente tan conocedora de la ley como quienes la aplican, estará cada vez
menos preocupada porque el paso del tiempo implica dificultades para encontrar
pruebas que demuestren su delito. Por eso, el 1 de octubre, pase lo que pase,
los dos seguirán sonriendo. Van a ganar votos y podrán esconder su mala gestión
de gobierno con la complicidad de sus votantes. Lo único que les importa es que
siga el espectáculo.
Hay pocas ideas
más turbias que Patria, País y Nación y pocos disfraces más tristes que los
tejidos con la tela de una bandera, escudo de miserables, capa multicolor del
fantasma paleto. Las ideas valiosas no tienen tantos seguidores. Poco importa
España Uno, Cataluña Cero o viceversa. Una región pobre nunca amenaza con
abandonar el país y si disipamos la niebla lo único que se ve es dinero en
ambas partes. Eso sí, los majaderos de siempre hablan de violencia en el
horizonte, como buitres necesitados de cadáveres que justifiquen sus
razonamientos baratos. Por eso el Gobierno Español se ciñe a su papel y esgrime
el fasces de hacha y varas, y el Govern la hoz del segador. Cada uno intimida a
los suyos y a los del otro bando. El caso es amenazar. Que la gente tenga
miedo, que tiemble ante el futuro incierto, que se divida en grupos, que calle y
otorgue, que el lunes vaya a trabajar por un salario de esclavo. Y sobre todo
que no piense. Porque el día en que España piense cambiará la Constitución.
Hasta entonces, no hay nada que hacer.
viernes, 22 de septiembre de 2017
EN LA COLINA DE LA ESPERANZA en PHOTOWRITING de Paula Arbide
En la colina de la esperanza
¡Hey, Abuela, una foto, que estás muy guapa!
Se pasó todo el verano diciendo Hey y cantando aquella
canción de ‘4 non blondes’. La letra se le había incrustado en la cabeza,
hablaba del fin de la hermandad de los hombres, de la llegada del siglo de las
mujeres, la revolución femenina. Era su primer año en Nueva York, nos trajo
tantos regalos que la maleta reventaba. Mi madre nunca quiso quitarse el gorro
playero de su nieta, y eso que no le dijimos nada, se murió sin saberlo.
Han pasado veinticinco años, como en What’s up, y a
nosotros no nos queda ni destino ni esperanza. Yo también lloro cuando me tumbo
en la cama, cuando me levanto de la cama, intentando sacar todo ese dolor de mi
cabeza. Al principio gritaba, si estaba sola, pero sonreía ante mi madre y le
decía: “Sí, ha llamado, cuando estabas en la compra, y ha preguntado por ti, te
manda muchos besos.”
Mi marido lo intenta, dice que lo intenta, nunca ha
pasado de ahí, de intentarlo. Quería contárselo a mi madre, pero era incapaz de
admitirlo él mismo. ‘Desaparecida’ es un término ambiguo, hasta que pasan los
años y no aparece. “¡Me gustaría tanto oír su voz!”, dijo mi madre horas antes
de morir. Le prometí que la llamaría. “¿No ha llamado todavía?” “No mamá, no
contesta, le he dejado un mensaje. Estará dando una vuelta”.
miércoles, 20 de septiembre de 2017
DISCURSOS PARALELOS en ELDIARIO.ES Cantabria
Discursos paralelos
Quedo para cenar
con un viejo revolucionario cargado de anécdotas y entre otras me cuenta su
panfletada más gloriosa. Sucedió un día en que sus colegas de partido lo
dejaron solo con una mochila llena de octavillas que había que aventar con
urgencia. El método clásico consistía en arrojarlas al aire en diferentes
lugares de la ciudad, cuantos más mejor. Lo normal era coger un autobús de
línea, bajarse en una plaza pública, esperar la llegada de otro autobús que
fuera en la dirección contraria y cuando llegaba, justo antes de subirse,
lanzar los panfletos y desaparecer de escena. No había móviles, pero cualquier
pasajero o el mismo conductor podían avisar por señas a la policía si se
cruzaban con ellos, luego era necesario bajar en la siguiente parada,
desplazarse a pie hasta otra ruta y vuelta a empezar. Funcionaba bien si lo
hacía un grupo numeroso de militantes, en un espacio de breve de tiempo, pero
un hombre solo se arriesgaba demasiado y probablemente sería detenido y
encarcelado. Era un tema serio.
Con la ayuda de
un miembro del partido que trabajaba en la estación central de los autobuses, el
hombre se coló de madrugada en las cocheras y colocó sobre el techo de toda la
flota pequeños paquetes de octavillas previamente humedecidas. A la mañana
siguiente, según circulaban los autobuses, los panfletos de se iban secando al
viento y en cosa de horas toda la ciudad estaba sembrada de consignas
revolucionarias. “Casi cinco mil octavillas”, me dice con orgullo, “cuando
cinco mil era un número importante”. Inevitablemente, hablamos del poder de la
información, de la capacidad de difusión actual de las ideas gracias a
Internet. Supongo que le alegra su existencia pero me dice, con el cinismo
propio de Oscar Wilde: “Cuando los dioses quieren castigarnos, atienden
nuestras plegarias.” Y añade que nunca se había inventado nada tan contra-revolucionario
como Internet.
Según su teoría,
Internet se parece a una asamblea general multitudinaria que, precisamente por
su tamaño, resulta ineficaz. Demasiada gente hablando a la vez y cada cual empeñado
en defender solo su punto de vista. No hay verdadero diálogo por culpa de la
inmediatez de respuesta. Hasta el discurso mejor elaborado y certero se ve
expuesto a la demolición por parte de un conjunto excesivo de personas que lo
utilizan como disculpa para elaborar un discurso paralelo, el suyo, de manera
que el mensaje original queda anulado en cuestión de minutos:
“¿No te has fijado que cuanto más impecable es
un análisis político de la situación actual, aumenta exponencialmente el número
de ataques hasta lograr que se dude de su bondad o su validez? Si aciertas de
pleno, el primer comentario será: ‘Tú no sabes lo que es el fascismo’, o bien: ‘No
he pasado del primer párrafo porque aburres a las ovejas.’ Eso sin mencionar los insultos y los ataques
personales. Y como se te ocurra opinar, sobre todo si es a favor, del
feminismo, de la homosexualidad o de Cataluña, sin ser mujer, o gay o catalán,
te caerá encima una horda de gente con lupa, escrutando, falseando, si es
preciso mintiendo; y si has dicho España eres españolista por no decir ‘estado
invasor español’, si has dicho LGTB serás un ‘Cishetero’ por no decir LGTBIQ,
que no te enteras, o te tacharán de machista porque crees que hay que
racionalizar la ‘discriminación positiva’. En el fondo da igual lo que digas,
solo importa que seas atacable. Si lo eres te demuelen, si no, te ignoran. Tu
valor depende de la posibilidad de crear a tu costa discursos paralelos. Y lo
hace la gente a la que apoyas, los de tu bando, con más fiereza que si fueras
del bando contrario, joder.”
El viejo
revolucionario se cabrea y entonces hablamos de censura, de autocensura, de
posverdad, de la ley mordaza, de lo sospechoso que le parece que se haya
permitido la expansión descontrolada de Internet, de la destrucción de una
herramienta global de información que podía haber sido positiva por la
inexistencia de un código deontológico básico, de que importe más enseñar un
teta que vender un tanque, del hecho irrefutable de que Internet nos esté
convirtiendo en más machistas, más fascistas, más xenófobos, más incultos y
menos educados. “No sabemos lo que somos, ni qué significa ser, pero sí que
somos en el tiempo, ya lo decía Heidegger, así que ha sido tan simple como
poner en nuestras manos un acelerador del tiempo para acabar con nosotros.
Quemamos las ideas antes de afianzarlas. La prisa no nos deja reflexionar. Le
estamos haciendo al pensamiento lo mismo que las centrales nucleares al medio
ambiente.”
Es lo que pasa
con los viejos revolucionarios, que tienen perspectiva. Les han tumbado tantas
veces sus ideas, sus iniciativas, que hablar con ellos deja un cierto regusto
amargo. Por eso me comenta que está pensando en descontaminarse, abandonar las
redes sociales en las que es tan activo, cerrar su blog y no volver a hablar de
nada en absoluto. “No lo hagas, o la asociación metafísica española te echará
la bronca por mezclar nada y absoluto en una misma frase.” Reímos por no llorar
y para que se anime le paso el móvil con un
artículo de Jamie Bartlett donde
habla del auge de la extrema derecha en Internet. Lo lee con calma y luego
asiente y enseña las garras. Es un gato callejero, aunque parezca agotado jamás
se rinde.
lunes, 4 de septiembre de 2017
LOS HÉROES LGTB en ELDIARIO.ES Cantabria
Los héroes LGTB
¿Qué sucedería
si en el último capítulo de la 7ª temporada de Juego de Tronos descubrimos que
Jon Nieve tiene un novio macizo en Desembarco del Rey? Que se perderían de
golpe 10 millones de espectadores. ¿Y si Daenerys de la Tormenta, traumatizada
porque la violó salvajemente un criador de caballos, estéril para lo humano
pero capaz de fertilizar huevos de dragón, le pide a una hechicera que le
desarrolle genitales masculinos con la dureza del acero valyrio y decide
perpetrar contra el sexo fuerte una oscura y penetrante venganza? Pues que se
perderían 20 millones de espectadores y HBO tendría que clausurar la serie. Por
eso, en el penúltimo capítulo, cuando los toscos guerreros bromean diciendo que
si no hay mujeres ya se apañarán entre ellos, ‘El Perro’ tranquiliza al burdo
salvaje pelirrojo afirmando que está enamorado de una señora y que tendrá con
ella los hijos que haga falta. Porque una cosa es que en la serie haya
violaciones, incesto y empoderamiento femenino y otra salirse de la norma
heterosexual mayoritaria, salvo en papeles secundarios, para cumplir y nada
más. Los grandes protagonistas están excluidos de esa posibilidad.
La sociedad
todavía no está madura para tener héroes LGTB con la suficiente entidad para
servir de referente. Para que los niños y las niñas puedan decir en el cole,
según sus inclinaciones: “Me gustaría ser como Z-Woman, que tiene una novia muy
guapa en Alfa Centauro o como F-Man, que le tira los tejos a Lobezno”. Quizá
porque el colectivo LGTB es estadísticamente minoritario, aunque no sabemos si
lo sería tanto en un mundo donde no se pongan trabas para que cada cual
desarrolle la tendencia sexual que más le apetezca. O todas, o ninguna, que
también los asexuales están reivindicando sus derechos (digamos LGBT+). Héroes,
en fin, cuyo comportamiento carnal sea admitido, aceptado, reconocido, para ser
modelos dignos de poseer seguidores propios no estigmatizados.
Algo de esto
había en la serie de Netflix Sense8. Serie malograda que según las últimas
noticias no seguirá adelante y sólo se le concede un único episodio doble, en
2018, para no dejar colgados a los espectadores y cerrar las diferentes tramas
apresuradamente. No es nada excepcional, muchas series se cancelan por su falta
de rentabilidad, pero lo grave del asunto es que Sense8 estaba a cargo de las
hermanas Wachowski, que antes fueron los hermanos Wachowski, directores de la
trilogía de Matrix, y que gracias a su cambio de sexo se han convertido en todo
un icono transexual y por lo tanto LGTB. Héroes civiles con capacidad
demostrada para crear héroes de ficción que, sin embargo, en esta ocasión han
fallado estrepitosamente. Una verdadera lástima.
Y es que Sense8
lo tenía todo. Una buena idea inicial: Ocho personas de diferentes culturas y
lugares del mundo están conectadas telepáticamente y pueden actuar juntas para
mejorar la realidad. El punto de partida es el día del Orgullo Gay, y entre los
personajes hay todo un abanico de tendencias sexuales: una trans con relaciones
lésbicas, dos heteros super-enamorados, dos gais emotivos y cachondos, dos
amantes conflictivos con infidelidad de por medio, un jovencito inexperto con
una mujer resabiada, una dominatriz karateca a punto de liarse con el poli que
la persigue… Tenía que funcionar. La primera temporada estaba cargada de
defectos pero el desafío merecía la pena. Además contaba con el español Miguel
Ángel Silvestre en una soberbia interpretación con vis cómica que parodiaba
precisamente a Matrix. Incluso tenía el beneplácito de las revistas del corazón
ya que la actriz principal Jamie Clayton, en un papel trans, es transexual en
la vida real y tuvo un romance con Keanu Reeves. Qué más se puede pedir para la
normalización.
Las hermanas
Wachowski se pueden lavar la manos y echar la culpa de todo a Netflix, pero lo
cierto es que dilapidaron un presupuesto de lujo, casi 9 millones de dólares
cada episodio, por ser demasiado pretenciosas y confiar en que sólo con su
nombre ya tenían garantizada una serie a perpetuidad. Les faltó solidez de
guión, imaginación, perspectiva, y la segunda temporada es aburrida, casi una
orgía permanente que no conduce a ninguna parte. Todo un alarde de
irresponsabilidad, teniendo en cuenta que el colectivo LGTB estaba pendiente de
ellas. A última hora, la web porno xHamster se ha ofrecido a financiar la
siguiente temporada, aduciendo que están a favor de la libertad sexual y la
sexualidad no-normativa, ya imaginamos con que objetivo. Si las Wachowski
aceptan sería como volver a la marginalidad, aunque la audiencia sea enorme,
algo que nadie podría perdonarles.
En estos tiempos de crisis, que ya amenaza
con ser permanente, las religiones y otras fuerzas reaccionarias extienden con
facilidad su mensaje involucionista ofreciendo a las personas una protección y
amparo que les permite controlarlas, de modo que el progreso social retrocede
hacia posiciones anteriores y se pierde lo ganado convirtiendo en simples
experimentos lo que son necesidades humanas: las mujeres de Afganistán
volvieron de la libertad al burka y los homosexuales podrían ser obligados a
regresar al armario. Por eso es necesario no perder ni una oportunidad de
afianzamiento, para solidificar lo conseguido y evitar una vuelta atrás. El
futuro siempre llega tarde, o no con la celeridad deseada, y dormirse en los
laureles es peligroso. Sense8 podría haber sido una serie de referencia, un
hito, ahora solo es un ejemplo de cómo no se deben hacer las cosas. Qué
pena.
martes, 22 de agosto de 2017
ARENA EN LOS OJOS en ELDIARIO.ES Cantabria
Arena en los ojos
Estoy tumbado en
la playa leyendo las noticias en el móvil y unos chiquillos que pasan corriendo
me tiran arena a la cara. Me entra en los ojos, dejo caer el móvil y mientras
me incorporo siento la certeza de que siempre ha sido así. Siempre ha sido así,
aunque no se sabía, o se sabía ocultar mejor, o no existía internet para
difundirlo y también ocultarlo, o emborronarlo hasta sembrar la duda de si
realmente ha ocurrido, pero no importa porque la información se devora y se
deglute y sin tiempo para digerirla ya se desecha. Pero siempre ha sido así.
Estoy seguro.
Quizá sea porque
la noticia que estaba leyendo cuando me han tirado arena a la cara habla de la
salida de la cárcel de Ángel María Villar, el siguiente de la lista, con sus 30
años de reinado a su aire en el mundo del fútbol, pero sospecho que los más
listos, los que mejor robaron y mangonearon, esos no han sido descubiertos.
Solo han pillado a los menos diligentes, a los chapuceros y los soberbios, pero
no a los señores, a los que piden la tapita en el club marítimo e incluso son
amables con el camarero, a los del traje impecable y prudencia a prueba de la
menor indagación.
No consigo ver
nada, intento pestañear pero la cosa empeora y una voz compasiva de mujer mayor
me dice que incline la cabeza, que ella me irá echando chorritos de agua hasta
que se me quite la arena. Pero no se me quita, es demasiada, y lo peor es que
se acrecienta la sospecha de que da lo mismo un partido con el árbitro comprado
que un partido político, el que sea, porque todos están en el ajo, siempre han
estado en el ajo, todos lo sabían y por interés callaban y siguen callando.
Puede que también hubiera amenazas, puede que algunos murieran por resbalón de
cáscara de plátano, por oportuno infarto o recurrente vejez y pérdida de
memoria, pero los demás estaban al tanto y no lo denunciaron. España es un país
corrupto por naturaleza.
Poco a poco el
agua me va limpiando los ojos, y por eso tengo el convencimiento de que todos
ellos sabían, no podían no saber, aunque quizás tampoco sabían cómo impedirlo.
Creo que cada uno de ellos, al llegar a la empresa, multinacional,
ayuntamiento, gobierno regional o central, congregación religiosa, a cualquier
centro de poder, fueron obligados a firmar el acta de secretos oficiales, el
acta de secretos pederastas, el acta de chanchullos al por mayor, el pacto con
el diablo, y que lo avalaron con su vida y la de su familia, y que perderían a
su cónyuge y a sus hijos, a su grupo social, a sus amigos, y los más de
izquierdas a su barrio obrero al completo. Que los repudiaría todo el mundo si
abrían la boca.
Al fin consigo
ver algo, y la señora me dice que no se me ocurra frotarme los ojos, que podría
hacerme llagas o quién sabe qué tipo de herida de consecuencias irreversibles.
Le hago caso, pero me escuece mucho, y mis sospechas llegan hasta la dictadura
de Franco, pero sin entrar en ella por razones obvias, que por algo era una
dictadura y todo estaba permitido para los listos que lo tenían todo permitido.
Casi peor fue la Transición, quién sabe cuántos y cuánto hubo que esconder
entonces, cuánto hubo que permitir para sujetar a los viejos perros y permitir
la llegada de los nuevos, si es que cambiaron, o solo se ocultaron los de
siempre bajo nuevas capas de ocultación y olvido programado y, más tarde, ya en
la democracia de facto, cuando todo parecía legal y limpio pero estaba sujeto
al antes y pendiente de perpetuar su maldad en el después… Joder, cómo pica, y
Felipe en el yate con su puro y sus acciones y sus valores invertidos en Bolsa
y el Gal, que recordaba a una marca de champú.
“Gracias,
señora, es usted muy amable… Menudos gamberros…” ¿Desde cuándo todo esto que
ahora se descubre y se va descubriendo y todavía se va a descubrir? ¿Desde
cuándo esta impunidad descarada? “Bueno, hombre, no se lo tome así, sólo son
unos niños, estaban jugando.” ¿Desde cuándo estos jueces que se suman a la risa
infame y prepotente con la risa seria del que sabe y sabe todo lo que hay que
saber? “Usted lo que necesita es un poco de colirio, le vendría bien acercarse
hasta una farmacia.” ¿Cómo es posible que yo sepa y todos sepamos y ellos
insistan en que no hay nada que saber? ¿Cómo es posible que no seamos capaces
de impedirlo o al menos mitigarlo, y que sea una excepción y no la regla?
“Gracias, señora, le haré caso, ha sido usted… debería traerle una botella de
agua.” “Deje, hombre, deje… vaya a la farmacia.”
Recojo la toalla
y las chanclas y voy camino de la farmacia, al otro lado del paseo. Antes de
salir de la playa me detengo en el chiringuito y pido un vermut para relajarme.
El camarero me pone tres hielos y un chorrito ridículo, y encima me cobra
cuatro euros. ¡Pero qué pasa! Le pago, no digo nada, estoy asqueado, y como sé
que el vermut no se crea ni se destruye, solo se transforma, busco en la barra
un culpable. Hay dos tipos con pinta de turistas que se están bebiendo la parte
que me corresponde. Malditos turistas. Son una plaga. ¿Por qué no hace algo el
gobierno? ¿Qué estarán maquinando esos miserables durante las vacaciones
mientras yo despotrico contra ellos y contra los turistas porque tengo arena en
los ojos?
sábado, 5 de agosto de 2017
TURISTAS Y ZOMBIS en ELDIARIO.ES Cantabria
Turistas y zombis
Existen tres
tipos de zombis: el clásico, de contenido mágico y origen haitiano; el moderno,
más literario y terrorífico; y el posmoderno, muy cinematográfico, vulgar y
exagerado. Del mismo modo, dentro de los turistas encontramos el residente,
tipo Marco Polo, el viajero, como Paul Bowles, y el turista víctima, o sea,
cualquiera de nosotros en la época actual, este mismo verano sin ir más lejos.
La analogía entre zombis y turistas es irresistible.
El zombi
original era bastante majo. No tenía cuerpo, no mordía a la gente y se le
consideraba un espíritu protector capaz de hacer grandes favores a quien lo
tenía de su parte. Está emparentado con el concepto de ‘alma dual’ que existía
en las culturas africanas y surgió en Haití como recurso psicológico para
superar la esclavitud y sus nefastas consecuencias. Un hechicero lo escondía
dentro de una vasija y su poseedor gozaba del amparo de un ángel bueno que
atraía hacia él todo lo positivo. Se cuenta el caso de una costurera que poseía
un zombi que le buscaba clientes y el de unos padres que pusieron un zombi en
la punta de la pluma de su hijo estudiante para que mejorara en los exámenes.
Su primer reconocimiento público data de 1697, en la novela ‘El zombi de Grand
Pérou’ de Pierre-Corneille de Blessebois, que recogía el mito popular extendido
por la isla.
El concepto de
zombi comenzó a degradarse precisamente por influencia de la literatura. Tanto
el Frankenstein de Mary Sheley, con su criatura resucitada por la ciencia, como
la cataléptica y enterrada viva Lady Madeline de ‘La caída de la casa Usher’ de
Allan Poe y el soñador sin sueños de la ‘La muerte de Halpin Frayser’ de
Ambrose Bierce, mezclan la idea del zombi con leyendas judías como la del
Golem, un cuerpo sin alma, condicionando así la imaginería popular y
sustituyendo al zombi bueno por su versión más terrorífica. Luego vendría el
cine para ahondar en la herida y en poco tiempo se pasó del zombi tonto y lento
que va de valium, propio de la serie B del siglo pasado, hasta llegar al
anfetamínico de las últimas películas, como ‘Guerra mundial Z’, donde es un ser
rabioso que devora a todos los habitantes del planeta a ritmo de heavy
apocalíptico.
Algo semejante
le ha sucedido al turismo, que ha perdido su esencia hasta resultar irreconocible.
¿Quién se acuerda del mensaje de ‘El libro de las maravillas’ de Marco Polo, el
comerciante veneciano que viajo a China y regresó fascinado por aquella cultura
milenaria y nos la dio a conocer en occidente? ¿Quién lee ya ‘Los siete pilares
de la sabiduría’ de T.E. Lawrence, aquel espía británico abducido por los
países árabes que hizo que nos enamorásemos del desierto y sin cuya lectura es
imposible comprender aún hoy lo que sucede en Oriente Medio? ¿Quién
atiende a las lecciones de Paul Bowles en ‘El cielo protector’, donde nos dice
que viajar es sumergirse en una experiencia crucial que te cambia la vida?
¿Cuándo y por qué convertimos ese lujo tan deseable de visitar y conocer a
otras gentes en ese gesto vulgar, ordinario de recorrer miles de kilómetros
para comernos una hamburguesa idéntica a la del McDonald que hay en la esquina
pero en las antípodas?
Uno tiene la
tentación de simplificar este fenómeno, de ponerse elitista, como suelen hacer
los promotores que hablan del ‘turismo de calidad’, culpabilizando de todo al
turista mismo o a las corporaciones locales que convierten en horteras sus
propios recursos. Parece que todos ansían el regreso de aquellos turistas ricos
que se dejaban un dineral en cada visita o de aquellos parajes desconocidos para
la mayoría, ese mundo todavía por descubrir. Sería como darle galletas a un
zombi o pedirle que no te muerda. Un zombi es un zombi y un turista es un
turista, diría Rajoy, y poco podemos hacer para evitarlo. Ambos se han
convertido en un objeto de consumo, una fuente de ingresos, un recurso
económico, como la política una empresa que si no es corrupta no funciona
porque pierde el incentivo, la gracia.
Hay que cambiar
de filosofía, aunque la estén marginando en la enseñanza, o precisamente por
eso. Este verano, a principios de julio, huyendo de la gente nos fuimos a
Pateira de Fermentelos (Portugal), a un lago mágico sugerido por una página
web, nada exclusivo. Había poca gente, el personal del hotel era exquisito, con
una piscina en el exterior y otra climatizada para la tarde, con un desayuno opíparo, una tranquilidad
envidiable y un precio más que razonable. Nos dimos unos paseos casi
solitarios, vimos amanecer a los patos, a las garzas y todo el personal aéreo que
puedas imaginar, y dormimos como troncos, felices. Está a un cuarto de
hora en coche de Aveiro, donde los
turistas hacen cola para subirse a unas embarcaciones tristes que los llevan a
velocidad fueraborda por los canales; a media hora de Coimbra, en cuya
universidad han dejado un aula abierta para que los chinos, los alemanes y
nosotros nos hagamos una foto sentados en la silla del catedrático; a una hora
de Oporto, donde tuve miedo a que la horda de turista con llaves inglesas se llevara como recuerdo una tuerca del
puente de Eiffel y lo tiraran abajo. De la pesadilla zombi a la paz espiritual
solo distaban unos minutos de autopista.
Quizá esa sea la
clave, viajar para conocer, para comprender, para crecer como persona. Intentar
hablar su lengua, perderse en sus calles y pueblos, comer su comida, adquirir
sus hábitos durante unos días. Resistirte a que te conviertan en un objeto, a
que te recolecten como si fueras una fruta de temporada, a que te paseen por la ‘ruta del tourist’
igual que a un zombi sin alma. Ser tú, y entonces ellos serán ellos, y ninguno
una estadística.
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