domingo, 7 de junio de 2015
TODO QUEDA YA DEMASIADO LEJOS-Frontera de carne
Todo queda ya demasiado lejos
para mí, ando falto
de nitidez, con la boca
chorreando niebla.
de Frontera de carne, pag. 99
Foto Paula Arranz
domingo, 31 de mayo de 2015
TANGOMÁN de Kepa Murua
TANGOMÁN, superhéroe de esquina.
Hay
varias clases de superhéroes: los universales tipo Superman, los locales como
Spiderman, los de barrio como Superlópez y los de esquina, como Tangomán, cuyas
hazañas no son del dominio público, suceden en la intimidad, las conocen cuatro
monos y tres van a callar la boca por simple pudor. Es el antihéroe por
excelencia, feo, solitario, despreciado por todos, se sabe muy poco de él, y
nacerá y morirá en el anonimato salvo que escriba sus memorias.
En
esta novela de Kepa Murua, Tangomán nos cuenta en primera persona sus
recuerdos, comenzando por el momento en que descubre sus habilidades ocultas,
los superpoderes. Se llama Pedro Muros, es un oficinista de mediana edad, amargado
por su fealdad, depresivo, hasta que un día se apunta a un curso de bailes de
salón y lo hace tan bien que sus compañeros lo bautizan como Tangomán. Necesita
tanto despojarse de su ingrata identidad que se aferra a esta última esperanza
que le ofrece la vida, se entrega por completo y entonces el baile lo
transforma todo. El narrador comparte con nosotros la creación de Tangomán, su
criatura, transportado por la música, invadido por el ritmo, desbordado por sus
nuevas posibilidades. Pero la cosa se
complica porque Tangomán no es Peter Parker utilizando su sentido arácnido para
ayudar al prójimo, sino que es un tipo oscuro, rencoroso, misógino, y se aprovecha
del baile para seducir a las mujeres y vengarse por el poco caso que le han
hecho. Ahora es un trípode humano, y aunque no crea en el amor encuentra
consuelo en el sexo desenfrenado y promiscuo y constante, todo el rato, sin
parar, hasta la extenuación. En cierto modo, a lo largo de la primera parte,
titulada Una música diferente, todo nos conduce a querer a Tangomán. A
envidiarle aunque sea tan feo. A sentirnos identificados cuando se esfuerza por
ser alguien significativo, por hacerse un nombre, y como lectores le
agradecemos la acción incesante, las novedades y las aventuras entretenidas. Lo
estamos pasando bien, es divertido. Pero el azar, el autor, no está de acuerdo, fuerza la situación y
entonces entramos en las tinieblas del libro.
La
segunda parte, De una esquina a otra, es dura, obsesiva, repetitiva,
angustiosa, el discurso es el único campo de batalla. Es normal, algo que les
sucede con frecuencia a los superhéroes, en esos capítulos en que se vuelven
malos, o raritos, y reniegan de sí mismos y se pasan al lado oscuro. Ahora Tangomán
ya no quiere ser más Tangomán y se hace boxeador. Si ya empezaba a estar un
poco esquizofrénico, lo empeora creando un personaje dentro de su personaje:
Chiquito de Mariturri, un boxeador bajito al que da pena soltarle un guantazo y
que se pelea con su sombra. La sombra de Tangomán. Es el doloroso peregrinar
por el desierto de nuestro superhéroe, un lacerante combate donde no acaba de
sonar la campana. Por pura desesperación, surge entonces en su mente golpeada la
temeridad de aspirar a algo tan glorioso, ideal e inalcanzable como es el amor,
el amor verdadero. Ésa es la única redención posible, la curación poética, el
sentido último y elevado que justifica la existencia de Tangomán. Sólo le falta
olvidar.
Pero
tarde o temprano todos los caminos conducen a la infancia, y la tercera parte,
titulada democráticamente Será lo que quieras que sea, nos restituye a la
ilusión, al argumento, a la narrativa que ajusta cuentas con el tiempo pasado
para pronosticar un futuro esperanzador, desmemoriado quizás. La historia la ha
contado él, luego Tangomán vive para contarlo, y con gran estilo da por
concluido su lamentable tango arrabalero, y el cuento ceniciento del hombre feo
al que no quería ni dios, y al fin el torrente de palabras que le ha servido
como escudo para justificar sus actos llega a una acertada conclusión. Y
colorín colorado, este cuento se ha acabado.
Porque
Tangomán, de Kepa Murua, es un cuento. Un cuento sofisticado que
encierra un profundo homenaje hacia la narrativa que ha configurado nuestra
manera de contar y entender las historias. Un artefacto muy bien montado que utiliza con
soltura esquemas de pensamiento clásico, reconocibles, pero sometiéndolos a un
cuestionamiento tan incesante que los desmenuza, los pervierte y finalmente los
agota. Por ejemplo el tango, ese pensamiento triste que se baila, se convierte
aquí en un mecanismo iniciático que inaugura el tiempo del héroe y lo impulsa
hacia adelante, hacia la transformación. Se puede escuchar perfectamente, en el
modo de respirar del texto, ese fuelle del bandoneón que da oxigeno a la
historia en todo momento. En este tango no vence la melancolía sino que es una
fuerza generadora que atrae al amor en vez de llorar por él. Del mismo modo, su
Ceniciento, rebelde y descreído, renuncia al éxito entendido como venganza y
envía al mundo de los recuerdos desechados a esa especie de madrastra y
hermanastras que le han tocado en desgracia. El olvido y salirse por la
tangente como recurso. Y otro tanto su criatura Frankenstein, atormentado y
solitario, pero que prefiere ser deforme a no tener forma.
Tangomán
tiene ese carácter depredador de las novelas actuales, que devoran todo lo que
se pone en su camino dejando un cadáver casi pelado para el buitre-lector. Si
quiere sacarle algo más a la historia debe roer el hueso y leer a varios
niveles. En este caso, basta con seguir las indicaciones del autor. El
referente más inmediato de Tangomán, declarado con reiteración a lo
largo de la novela, es El hombre sin atributos, de Robert Musil, y eso dota al
texto de una dolorosa tensión moral que enjuicia a la sociedad como generadora
de un excedente de seres fracasados y sin rumbo cuya única alternativa es hacer
de sí mismos una ficción. Se nota el poder del discurso contemporáneo para
paralizar a los individuos, ofreciéndoles como meta la imagen del espejo en vez
del sujeto que la proyecta. Por eso, en sus momentos más penosos, es cuando
Tangomán se parece más a todos nosotros, instaurados en la queja y el lamento,
paralizados, considerando que un pensamiento es un hecho, un sueño un
acontecimiento, como panchovillas haciendo la revolución delante de la tele, y
además con la disculpa de ser más feos que el demonio para odiar a todo cristo.
Tan débiles de carácter como hace cien
años, a las puertas del nazismo, cuando Musil escribió El hombre sin atributos.
Alguien
dijo que los poetas nos indicarían el camino, y Kepa Murua sabe sacar a nuestro
héroe del atolladero de pensamiento estéril y universalizar el mensaje para
indicar una dirección. Su Hombre sin atributos no queda inconcluso sino que
concluye en nosotros. Y se puede escarbar mucho más en esta novela, una tragicomedia
casi cotidiana que nos plantea si debe existir una distancia entre la cara y la
máscara, entre el ojo y la mirada, entre ser y estar, entre desear y querer, entre
amar y eso que es lo contrario… Pero es mejor leerla, lo demás son teorías.
Publicado en Espacio Luke:http://www.espacioluke.com/2015/Mayo2015/taboada.html#.VWrX2KoRS_0.Facebook
miércoles, 27 de mayo de 2015
ESTE PAISAJE YA LO HAN QUEMADO MIS OJOS-Frontera de carne
Este paisaje ya lo han quemado mis ojos
cada molécula de su aire
ya pasó por mis pulmones varias veces,
no hay pensamiento aquí
que no haya sido ya pensado.
¿Qué hace el tiempo mientras tanto?
¿Qué cuenta lleva de la vida?
Cómo sabe cuándo
poner el punto final.
de Frontera de carne, pag. 97
Foto Paula Arranz
miércoles, 20 de mayo de 2015
PUTAS Y COCAÍNA-Revista Cantárida
Las
putas Son-son-Son de lo peor. / La Coca-Coca-ína
es perjudicial. / Si no tienes pro-piedad,
/ si no tienes pro-piedad…
Qué difícil es reproducir una
canción por escrito, ¿verdad? A mí me
cuesta un montón, y eso que tengo muy buen oído, siempre me ha gustado cantar.
Lo cierto es que recuerdo con mayor nitidez las escenas de mi vida en las que alguien
cantaba, y más si también cantaba yo. Como en aquella excursión de la clase de
Moralidad, tendría yo seis años, acababa de dejar preescolar, en el colegio
exclusivo Blas Balaguer.
Recuerdo claramente a la payasa
contratada, Chispa, tan alta que casi rozaba el techo del autobús, cantando con
voz afinada esa canción: sus gestos explícitos, cómo se manoseaba los pechos
escuetos cuando decía Puta, cómo esnifaba el aire a dos manos con una pajita gigante
y luego ponía cara de loca acelerada. Y cómo coreábamos nosotros Si no
tienes pro-piedad. Si no tienes pro-piedad… Eran malos tiempos, tiempos
desesperados, a nuestros padres les preocupaba acabar en la cárcel y el colegio nos mostraba la cruda realidad
para pulir nuestro espíritu empresarial.
El Circuito del Vicio era
obligatorio, figuraba en el programa. Nos acompañaban cuatro monitoras, dos profesoras,
y una psicóloga. Al llegar al recinto, la payasa Chispa le pasó el micrófono a
la profe de Moralidad, que había cambiado su habitual traje azul oscuro por
un mono ceñido de cuero granate. Nos habló con voz firme y a la vez misteriosa.
Nos dijo que, a pesar de nuestra corta edad, era positivo que tuviéramos conocimiento
de los elementos de perdición que podríamos encontrarnos en nuestro camino de
personas adineradas, nuestros negocios futuros, tanto para evitarlos como para
detectarlos en los demás y tomar cartas en el asunto. Puede que ahora no
comprendiéramos bien todo lo que veíamos, pero era imprescindible dejar marcada
en nuestra mente la impronta de moralidad que nos hiciera rechazar casi por
instinto ciertas bajezas. Como las putas y la cocaína.
La combinación letal de putas y
cocaína había arrasado en la crisis de principios de siglo. Fue una epidemia, y
para el tejido empresarial como la polilla. Desde los grandes responsables
mundiales de la economía hasta el humilde ferretero de un pueblo, fueron muchos
los que acabaron destrozando sus negocios, corrompiéndose, dilapidando el
dinero público y privado en putas y cocaína. Hubo miles de detenciones, cayeron
fortunas, imperios mediáticos. Daba grima verlos ante el juez admitiendo cabizbajos que la culpa de todo la
tenían, señoría, las Putas y la Cocaína. Quizás por eso, en aquella época en el Blas
Balaguer no había chicas, alumnas, pero el profesorado era exclusivamente femenino.
—Antes
de que las autoridades admitieran la epidemia —dijo la profe de Moralidad—
existían lugares como éste. Miles de metros cuadrados dedicados sólo al vicio.
Aquí llegaban cada noche camiones de chicas, chicos, mujeres, hombres
bronceados, de todas las razas y colores… hasta animales de compañía
adiestrados para el sexo. En la entrada, para poder entrar, te obligaban a
esnifar dos rayas de un tamaño estupefaciente y debías dejar insertada una
tarjeta de crédito sin límite en una ranura con tu número asignado. Aquí se
vivía a tope, se bebía el mejor champán francés, se comía el mejor caviar ruso,
se hacían cosas sucias que no figuran ni en los mapas. El servicio médico y de
atención al cliente tenía más recursos que muchos hospitales. Nadie moría de
ataque al corazón, te bajaban y te subían cuantas veces hiciera falta. Todo el
que tenía poder aspiraba a disfrutar, aunque sólo fuera una vez, de este
paraíso en la tierra. En realidad era el infierno, como vais a ver a
continuación.
El autobús comenzó a circular a
marcha lenta por el laberinto del
Circuito del Vicio. En los cristales, superpuestas a la realidad, se
proyectaban escenas abyectas, de sexo y drogadicción. Algunos de mis compañeros
ponían cara neutra, otros curiosa, otros desagradable y, los más precoces como
yo, expectante e inquieta. La payasa Chispa lo comentaba todo, utilizando las
expresiones más guarras que yo había oído en mi vida. Las profesoras, e incluso
la psicóloga, se contoneaban por el pasillo, lujuriosas, haciendo que nos
tocaban pero sin llegar a hacerlo. El chaval que estaba a mi lado se puso a
llorar. Pasamos junto al Pabellón de los Degenerados y en las imágenes
había chicas de nuestra edad, y un poco mayores, preciosas, desnudas, bailando
provocativas para unos tipos salidos con un rastro de cocaína que les bajaban
desde la nariz hasta la barbilla. Daban lástima pero, por algún misterio de la
naturaleza, cinco chicos y yo tuvimos una erección pronunciada. Con grandes
aspavientos, la payasa Chispa nos señaló uno a uno y la profe de Moralidad nos
sacó al pasillo, para que todos se rieran de nosotros. No nos dejó cubrirnos,
al contrario. Nos obligó a poner las manos detrás la espalda y, con una fusta
de cuero rojo, nos bajó la erección a latigazos. ¡Dios, cómo dolía!
Fueron las dos horas más amargas de
mi infancia, pero estoy agradecido por haber recibido esa educación de élite,
forjada en el dolor que todo líder debe asumir. A veces, sobre todo al
atardecer, cuando veo a los trabajadores de mi empresa subir a los coches que
les llevan a sus hogares confortables, cuando vacían al fin el aparcamiento y
me quedo solo en mi despacho enorme, que ilumina como un faro de progreso la
ciudad, me sirvo un vaso de agua pura de Alaska y tarareo aquella canción: Si
no tienes pro-piedad, si no tienes pro-piedad. Entonces tengo una erección
dolorosa, pero la contengo, y la subo y la bajo a voluntad, como me enseñaron, porque
soy un empresario moderno, preparado, invulnerable.
publicado en
Revista Cantárida
Foto Paula
Arranzsábado, 16 de mayo de 2015
COMO UN NECIO-Frontera de carne
Como un necio que ve caer
sobre su sombra la sombra
del árbol que cae,
le doy cuerda
al tiempo.
de Frontera de carne, pag. 101
Foto Paula Arranz
viernes, 8 de mayo de 2015
EL POZO SÉPTICO-Novela corta
EL POZO SÉPTICO
Novela
98 páginas
12 €
Ediciones Oblicuas
Mayo 2015
Un hombre de mediana edad, consumido por su irremediable adicción al alcohol y por la miseria de una vida destrozada, se encamina en busca de trabajo a Lejona, en la provincia de Vizcaya. Allí consigue emplearse de peón de albañil en una obra que está a punto de concluir; su primer encargo será barrer el interior de un pozo séptico. Cuando parece que la vida le da una oportunidad, el alcohol vuelve a entrometerse en su camino con consecuencias desastrosas.
El pozo séptico es una novela corta que comienza como una fábula moral con toques de humor y que culmina en unas páginas finales de profunda reflexión existencial. Una narración ágil que puede ser disfrutada tanto por un público joven como adulto.
Enlace de venta permanente. WEB de la editorial. SIN GASTOS DE ENVÍO:
Enlace de venta de AMAZON para compradores del
extranjero:
miércoles, 6 de mayo de 2015
HAY VOCES DE CARNE EN LA NOCHE-Frontera de carne
Hay voces de carne en la noche
pastosa y quemada de vino
amargo. Le doy fuego al orujo
de mi piel y me paseo incendiado
por los salones oscuros. Nadie
observa las llamaradas de mis ojos.
El grito mudo a punto de nacer
queda suspendido en su dolor.
Corro veloz por la planicie desolada
con los brazos en alto
esperando el consuelo de mutar
en rescoldo, al menos,
algo más que ceniza apagada y fría
que espera por mi soplo de viento
para desaparecer en polvo.
de Frontera de carne, pag. 81
Foto Paula Arranz
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






